viernes, 28 de noviembre de 2014

El único marxista de Laos (1)



Cuando uno llega a Laos y se encuentra con sus gentes tranquilas y alegres, lo último que se imaginaría es que se encuentra en un régimen comunista. Luego va al Museo Nacional y se encuentra con las fotos de los líderes del Partido Revolucionario Popular Laosiano durante los años cincuenta y sesenta, cuando la guerra civil. Uno se encuentra las mismas sonrisas y tranquilidad. Todos los líderes tienen una pinta tal que uno se los imagina sin dificultad contando los minutos para que terminase la reunión del Partido y poder irse a tomarse unas cervezas con los compañeros. Bueno, hay un líder que no tiene esa pinta. Es Kaysone Phomvihane, del que he llegado a sospechar que debe de ser el único marxista verdadero de todo Laos.

Kaysone nació en 1920 de un matrimonio mixto vietnamita y laosiano en la provincia de Savannakhet. Su familia era acomodada. Kaysone pudo estudiar en la escuela francesa y más tarde ir a la Universidad de Hanoi a cursar Derecho.

Hanoi en 1940 era cualquier cosa menos un lugar tranquilo para estudiar. Desde los años 20 el nacionalismo había ido en aumento en Vietnam y además se había teñido de comunismo. Si a comienzos de los 20 los soldados de la Legión Extranjera consideraban que Vietnam era un destino de lujo, para finales de los 30, ya no lo tenían tan claro. La derrota de Francia en 1940 quebró toda la mística que todavía pudieran conservar los franceses. La invasión japonesa en septiembre de ese año y el acuerdo humillante que impuso a los franceses fue la gota que colmó el vaso.

Kaysone se politizó en Hanoi y tomó contacto con el marxismo. Pronto descubrió que luchar contra los franceses era más divertido que estudiar Derecho (¡y quién no!), colgó los estudios y no los volvió a retomar. A la vista de los resultados de esa decisión, es para darle una pedrada al que te diga que estudiar te llevará lejos. ¡Meterte en política y/o atracar un banco es lo que realmente te llevará lejos!

No he conseguido encontrar materiales sobre cuáles fueron las actividades revolucionarias de Kaysone en la primera mitad de los cuarenta, así que asumo que jugaría un papel muy secundario. Lo principal de aquellos años es que se hizo conocido de los comunistas vietnamitas. Cuando en el futuro ayudasen a los comunistas laosianos, Kaysone sería su hombre.

Al término de la II Guerra Mundial, los vietnamitas enviaron a Kaysone y a los laosianos que se habían afiliado al partido comunista a Laos para que organizaran la guerrilla contra los franceses en el sur y en el centro del país, el denominado “Comité de la Resistencia Lao en el este”. Los tres años que siguieron fueron muy importantes para Kaysone. Se formó en el arte de la guerra y aprendió a unir la lucha guerrillera con la movilización política de las poblaciones entre las que se movía. También aprendió la importancia de trabajar con las minorías étnicas y utilizar sus montañas como santuarios.

El 20 de enero de 1949 Kaysone creó oficialmente el Ejército Popular de Liberación Lao, más conocido como Ejército Pathet Lao. El Ejército contaba con unidades regulares a las que apoyaban milicias campesinas. Era una fuerza esencialmente de infantería, armada y no demasiado bien con armamento ligero, sin capacidad más que para acciones defensivas y guerrilleras. No será hasta comienzos de los 60 que el Pathet Lao comience a recibir armamento soviético e instructores vietnamitas y se convierta en una fuerza más ofensiva que acabará rivalizando con el Ejército real.

En 1949 el Gobierno laosiano en el exilio, que dirigía el Príncipe Suvanna Phuma y que funcionaba desde Thailandia, se encontró con una disyuntiva: aceptar la oferta francesa de otorgar a Laos una semiindependencia dentro de la Unión Francesa o continuar la lucha, apoyándose en Vietnam. Parte de los seguidores del gobierno, encabezados por Suphanuvong, que era hijo de una esposa menor del rey de Laos, optaron por ir a Vietnam a pedir ayuda.

En 1950 tuvo lugar el Primer Congreso de la Resistencia Laosiana. En él se estableció un Gobierno de la Resistencia, cuyo Primer Ministro fue Suphanuvong, quien tenía como segundo a Phoumi Vongchivit. Es seguramente de aquí que arranque el equívoco en el que incurrirían Souvanna Phouma y los observadores extranjeros, de creer que Suphanuvong y los que le habían seguido desde Thailandia eran quienes dirigían el comunismo laosiano. La realidad es que eran hombres como Kaysone o Nuhak Phumsavan, que llevaban años colaborando con los vietnamitas, quienes lo dirigían en la sombra. Como prueba de lo anterior, Kaysone recibió la importantísima cartera de Defensa en el Gobierno de la Resistencia. 

El 22 de marzo de 1955 se constituyó oficialmente el Partido Popular Laosiano (PPL), antecesor del Partido Popular Revolucionario Laosiano. Todo lo relativo a su creación y cadena de mando se mantuvo en secreto. Kaysone fue designado Secretario General y Nuhak Vicesecretario. Lo interesante es que las figuras visibles que negociaban con el Gobierno real en Vientiane eran Souphanouvong y sus seguidores. Kaysone supo hacer uso del prestigio y la popularidad de Souphanouvong al que promovió al puesto de relumbrón de Presidente del Frente Patriótico Laosiano, la organización pantalla tras la que se escondía el PPL que era quien realmente movía los hilos. Kaysone era consciente de que el prestigio de Souphanouvong era una baza de la que no podía prescindir; al mismo tiempo se daba cuenta de que él disponía la baza mucho más importante del apoyo vietnamita.

Una ventaja de esta división de funciones dentro del bando izquierdista es que durante las negociaciones y gobiernos de coalición de años ulteriores Souvanna Phouma y su gente estuvieron convencidos de que trataban con líderes que eran nacionalistas en primer lugar y comunistas en segundo y con los que un acuerdo era posible. Esto podía predicarse de Souphanouvong, pero no de Kaysone, marxista dogmático. Tal vez si Souvanna Phouma hubiera sido consciente de la situación real, se habría comportado con menor ingenuidad y no habría hecho tantas concesiones. 


miércoles, 26 de noviembre de 2014

Vikram Seth, poeta



Yo a Vikram Seth le conocía como prosista. Le descubrí primero con “An equal music”. Fue luego con “Un buen partido” (“A suitable boy”) que me dí cuenta de que además de prosista es un poeta excelente y muy versátil. Toda la novela está trufada de poemas en los que Vikram despliega su virtuosismo.

Muy al comienzo de la novela (lo que en una novela de 1.349 páginas significa allá por la página 151), Vikram nos describe una velada poética organizada por el Sr. Nowrojee. Para su espanto, un tal Doctor Makhijani se empeña en leer un  “Himno a la Madre India”, sobre el que comenta humorísticamente Vikram: “[El Sr. Nowrojee] habiendo leído una copia de los poemas antes, no pudo evitar desear que el banquete hubiese terminado con el aperitivo.” Y a continuación Vikram nos deleita con algunos cuartetos del poema. No los voy a traducir, porque se perdería todo el efecto:

Who a child has not seen drinking milk
At bright breasts of Mother, rags she wears or silks?
Love of mild Mother like rain-racked gift of cloud.
In poet’s words, Mother to thee I bow.

(…)

Dadabhai Naoroji entered Parliament,
As MP from Finsbury, grace was heaven-sent,
But he forgot not Mother’s plumpy breasts:
Dreams were of India, living in the West.

(…)

Then when the British left after all,
We had as PM our own Jawahar Lal.
Like rosy shimmers to the throne he came,
And gave to our India a glorious name.

(…)

We are all masters, each a Raja or Rani.
No slave, or high or low, says Makhijani. [como el propio Vikram advierte, es una tradición de la poesía hindi y urdu que el poeta introduzca su nombre en el último cuarteto]
Liberty equality fraternity justice as in Constitution.
In homage of Mother we will find all solutions.”

Un poema tan pomposo, pretencioso y ridículo solo puede escribirlo un poetastro de lo peor o un poeta muy competente que conozca perfectamente su oficio y tenga mucho sentido del humor. Una vez me presenté a un concurso de relatos oníricamente acuáticos (es decir, malos) y descubrí que escribir un relato realmente nauseabundo es más difícil de lo que parece. No gané porque mi relato era demasiado bueno para el concurso.
El episodio concluye con un protagonista sugiriéndole a otro que se escapen de una velada tan espantosa, mediante un cuarteto lleno de ironía e ingenio:

Prompt escape from 20 Hastings Road
Is my desire, although prized poets’ abode.
Desert not friendship. Renegade with me
From raptured realm of Mr. Nowrojee.”

Vikram también se atreve con una poesía de circunstancias sobre un tema menor: un músico con problemas de tendinitis en las manos le explica en verso a su empleadora lo que le sucede:

Dear hands, that cause me so much pain,
When can I gain your use again?

When can we once again be friends?
Forgive me, and I’ll make amends…”

Vale, no es un gran poema, pero es un indicio del amor de Vikram por la poesía y de su versatilidad, que haya dedicado esfuerzo a componer un poema menor, del que podría haber prescindido completamente.

Otro divertimento al que se entrega Vikram son los pareados que intercambian entre sí los hijos de los Chatterji. En nuestra sociedad hipertecnológica y acelerada nos hemos olvidado de cómo otras sociedades valoraban la capacidad para hacer versos sobre los temas cotidianos. Hoy con enviar un twit lleno de faltas de ortografía nos basta. Veamos algunos de estos pareados. Las hermanas Kakoli y Meenakshi bromean sobre su hermano mayor tan lírico como torpe con las mujeres. Kakoli dice:

Amit Chatterji, what a catch!
Is a highly suitable match.”

La réplica de Meenakshi es:

Why he has not married yet?
Always playing hard to get”

Y aquí podría terciar yo con un pareado de mi invención:

Don’t let yourself by your passions be carried,
Otherwise you could end by getting married”

Reconozco que mi pareado no le llega ni a los talones a los de Vikram, pero todo sea por darle un buen consejo a un amigo que está pensando en casarse.

Otro intercambio de pareados entre las dos hermanas a propósito de Lata, la mujer a la que pretende su hermano Amit:

Luscious Lata, born to be
Lady Lata Chatterji.” (Kakoli)

Luscious Lata, is it hard
Being wife of famous bard?” (Meenakshi)

Oh, so hard it is in rhyme:
Loving, doving, all the time” (Kakoli)

Kissing, missing, every day,
Cuddling, muddling all the way” (Meenakshi)

Y la apoteosis del siguiente cuarteto de Kakoli:

Amit lying on his bed,
Dreams of Lata in his head.
Weeping, weeping on his sheets,
Cannot concentrate on Keats”

Creo que prefiero a mis hermanas que cuando tenían que ironizar sobre mí se limitaban a llamarme “capullo”. Que ironicen sobre ti en verso como que escuece más.

Inevitablemente, Vikram reserva lo mejor de sus poesías a Amit, el pretendiente poeta de Lata. Sospecho que Amit tiene más de un rasgo en común con Vikram: es tímido; le interesa mucho el amor, aunque tema lanzarse a él; su poesía tiene un toque intelectual como la de Vikram, como si los sentimientos fueran dobermans fieros que tuviera encerrados en la habitación del fondo y a los que temiera sacar a pasear.

Uno de los primeros poemas de Amit con los que nos regala Vikram es un divertimento lingüístico:

Roly Poly Mr. Kohli
Toiling slowly up the stairs.
Holy souly Mrs Kohli
Tries to catch him unawares.

Finger-wagging, fuming frowning:
Why you have not said your prayers?
What means all this upping, downing?
What is magic in the stairs?...”

Amit podrá ser tímido, pero no deja de ser hombre, así que se pone mejores galas poéticas y trata de conquistar a Lata con lo que major sabe hacer, sus versos. Vikram nos presenta una declaración de amor en acróstico muy original:

A modest proposal

As you’ve asked for black and white,
May I send these lines to you
In the tacit hope you might
Take my type at least as true.

Let this distance disappear
And our hearts approach from far
Till we come to be as near
As acrostically we are.”

Me encanta el tono ligero e ingenioso del poema y me pregunto si Vikram no lo ha titulado con cierta ironía. La otra vez que en la literatura inglesa alguien habló de una propuesta humilde (“A modest proposal”) fue Jonathan Swift para sugerir que el mejor remedio para combatir una hambruna en Irlanda sería comerse a los niños. Dicen que era una humorada y que no iba en serio, pero con los escritores satíricos nunca se sabe.

Al pobre Amit nadie le había explicado que a las mujeres les fascinan los poetas, que les escriben versos, pero se acaban casando con los millonarios que les regalan diamantes.


domingo, 23 de noviembre de 2014

Un buen partido


(Ojo, me cargo la novela)

Lo que más sorprende de la novela “Un buen partido” (en inglés “A suitable boy”, cuya traducción al español sería “Un chico adecuado”, que me gusta mucho más que la traducción bajo la que la novela se ha popularizado en nuestro idioma) de Vikram Seth es que alguien a finales del siglo XX se hubiera puesto a escribir una novela-río al estilo de “Guerra y Paz”. Vikram Seth escribe una novela gigantesca como si Flaubert, Joyce, Cortázar o Proust no hubieran existido… y el resultado es excelente.

La novela arranca con la boda de Pran y Savita y la preocupación de la madre de ésta, la señora Rupa Mehra por casar a su hija menor, Lata. Así pues, el título de la novela arranca de lo que será el principal hilo argumental de la novela: los esfuerzos por casar a Lata. Nada que no les hubiera resultado familiar a las hermanas Brönte o a Jane Austen. Aquí se nota la infatuación de Seth con la literatura inglesa. Como en las buenas novelas decimonónicas, varios competidores pugnan por la mano de Lata: Kabir, por quien Lata desarrolla un amor apasionado que es correspondido, pero que presenta un grave problema: es musulmán; Amit, un poeta tímido y sensible, que oculta sus sentimientos bajo una capa de ironía; Haresh, un hombre hecho a sí mismo, lleno de optimismo y con un gran concepto de sí mismo, pero que tiene también su lado tierno.

Pero, a diferencia de las novelas inglesas del XIX, Seth no se limita a esa trama, sino que aborda muchas otras, que le permiten crear una gigantesca novela-río en la que cabe toda la India de 1951-52, período en el que está ambientada. Está el tema de la carrera política del consuegro de la señora Rupa Mehra, Maheesh Kapoor, que le permite retratar las querellas intestinas del Partido del Congreso de aquellos años y las elecciones de 1952. Están los amores ilícitos de Maan, el hijo de Maheesh, con la cortesana Saeeda Bai. Están los conflictos intercomunales entre hindúes y musulmanes y entre castas desfavorecidas y castas altas…

Llama la atención la gran cantidad de escenas de lo más diverso que presenta Seth, como si quisiera que no se le escapase ninguna de las facetas de lo que es la India. Asistimos a una manifestación tumultuosa de musulmanes, que acaba con muertos, en contra de la construcción de un templo hindú en las proximidades de una mezquita; a un debate en el legislativo provincial en torno a un proyecto de ley para desposeer a los terratenientes de sus tierras; a una cacería para abatir a unos lobos devoradores de hombres; a una campaña electoral en un distrito rural; a toda la veneración y papanatería que rodea a un guru; a un conflicto laboral… De alguna manera, el marco creado por Seth es tan amplio que todas esas escenas caben en él sin ningún problema. Eso sí, nunca perdemos de vista la trama principal que es la búsqueda de un novio adecuado para Lata, pero mientras esa trama se va desarrollando, Seth nos presenta toda la riqueza y los matices de la India.

De hecho esta riqueza parece que no fue buscada, sino que surgió mientras Seth trabajaba en la novela. Originalmente la novela iba a ir solamente de la búsqueda de un pretendiente para Lata. Fue mientras la desarrollaba, que Seth comenzó a introducir elementos correspondientes a otras novelas que tenía en la cabeza y el resultado fue un conjunto tan abigarrado, rico y variado como la primera parte de El Quijote.

Uno de los temas esenciales de la novela es el amor y aquí Seth demuestra que es un tema que conoce bien. Tenemos el amor apasionado entre Lata y Kabir. La manera tímida y reticente con la que Amit ama a Lata. Haresh y su amor entre convencional, pragmático y un punto arrogante. También están el amor volcánico e ilícito de Maan por Saeda Bai, el amor egoísta, lujurioso y adúltero entre Meenakshi y Billy Irani, el amor doméstico y tierno entre Pran y Savita… Leyendo “Un buen partido” uno entiende que eso que llamamos amor es algo tan variado y con tantas facetas, que deberíamos inventar una palabra distinta para cada una de ellas.

Otra cosa que me gusta de Seth es que no le da al lector el final feliz y facilón al que Hollywood nos tiene acostumbrados. Sí, a uno le gustaría que Lata se acabase casando con Kabir a quien ama realmente. Pero eso sería incongruente con una India en la que si el matrimonio fuera de la propia casta es dificilísimo, ya no hablemos del matrimonio entre una hindú y un musulmán. En su defecto, uno habría querido ver a Lata casada con el soñador Amit, pero eso iría contra el carácter de Lata: fuerte y apasionada, pero con los pies en la tierra. Al final Lata opta por el pretendiente que menos le atrae al lector, pero que es el más plausible de todos: Haresh. Acostumbrado a los finales almibarados de Hollywood me encanta la honestidad de Seth, que ofrece un final real como la vida misma: Lata acaba casándose con el pretendiente más convencional.

Hay dos grandes novelas que retratan la India de la independencia. Una es “Los hijos de la medianoche” de Salman Rushdie y la otra “Un buen partido” de Vikram Seth. “Los hijos de la medianoche” ha atraído más a los lectores occidentales. Influye que Rushdie está más occidentalizado y que escribió una novela más vanguardista. Sin embargo, en la India la novela que ha arrasado es la de Seth y tiene porqué. Contiene todos los elementos para que un indio se sienta identificado por ella.

La novela fue tal éxito que enseguida vino la pregunta que más detesta un escritor: ¿y para cuándo la continuación? Penguin hizo la gran apuesta: adelantó 1,7 millones de dólares a Seth para que escribiese la segunda parte, que sería publicada en 2013, justo 20 años después de la publicación de la primera. A fecha de hoy Seth sigue escribiendo meticulosamente y nadie tiene ni idea de cuándo saldrá la segunda parte.

Según se comenta, la segunda parte se titulará “A suitable girl”, título que espero que sea mejor traducido al español. En ella Lata, convertida en abuela, busca una esposa para su nieto. La trama daría pie para que Seth se explayase sobre la evolución de la India entre 1952 y la actualidad. Si necesitó 1.449 páginas para contar 18 meses de los años 1951 y 1952, uno puede echarse a temblar pensando en cuántas páginas necesitará en esta ocasión. 

viernes, 21 de noviembre de 2014

Dentro de cincuenta años todos calvos

Viniendo de un país donde se considera que piensas a largo plazo si el lunes ya sabes lo que harás el fin de semana, me maravillo con los líderes singapureños que ya andan planificando cómo será su país dentro de cincuenta años. Recientemente el empresario Ho Kwon Ping dio una conferencia muy interesante sobre lo que podrían dar de sí políticamente los próximos cincuenta años en Singapur.

Vaya por delante que una de las preocupaciones del Partido de Acción Popular (PAP), que lleva gobernando desde la independencia en 1965, es cómo mantener ese dominio. La cuestión se ha vuelto un poco más urgente desde 2011. En las elecciones de ese año el PAP obtuvo los peores resultados de su historia (un 60% de los votos, proporción por la que firmarían muchos partidos políticos en otras latitudes). Ello llevó a sus líderes a un ejercicio de autoanálisis para preguntarse en qué habían fallado y cómo podían reconectar con la ciudadanía. Y cuando el PAP habla de reconectar con la ciudadanía, no quiere decir aplicar cuatro recetas cortoplacistas y demagógicas, sino verdaderamente prestar atención a las inquietudes de los ciudadanos.

Tras las elecciones de 2011, el PAP llegó a una serie de conclusiones. La primera es que el momento fundacional de Singapur ya ha pasado. La generación que construyó el país a base de sacrificios y que estaba orgullosa de haberlo llevado del Tercer Mundo al Primero, está saliendo de la escena y las nuevas generaciones quieren otras cosas. Por cierto que uno que está a punto de salir de la escena para siempre es el fundador del país, Lee Kuan Yew. Ya no cabe contar con su carisma ni con el inmenso respeto que concitaba.

Otra conclusión es que la sociedad se ha vuelto menos igualitaria y la ciudadanía lo lleva mal. Singapur se fundó sobre la idea de una cierta igualdad y equidad sociales, del trabajo duro recompensado y del mérito. Existe la percepción creciente de que algunos son más iguales que otros, que no todos los trabajos se recompensan por igual y que el mérito no asegura el éxito.

Una tercera conclusión es que la generación de los fundadores estaba dispuesta a sacrificar libertades políticas a cambio de bienestar económico y mejora en sus niveles de vida, pero esto no se aplica necesariamente a sus nietos. El singapureño tipo es cualquier cosa menos un revolucionario. Si los parisinos de 1789 hubieran sido singapureños, lo más que habría pasado es que en las paredes de la Bastilla habrían hecho unas cuantas pintadas. Las nuevas generaciones no van a acampar en Orchard Road en plan 15-M para pedir el cielo, pero sí que piden en la blogosfera una sociedad más abierta y, sobre todo, una mayor libertad de expresión. El PAP es consciente de ello y en el último lustro ha ido abriendo lentamente la mano y suavizando la censura. Aun así gente como Leslie Chew o Samantha Lo han descubierto a su pesar que esa apertura tiene sus límites.

El PAP está en estos momentos preparando la renovación generacional. Sabe que la sociedad y el mundo están cambiando muy deprisa y que, si quiere sobrevivir, tiene que pasar la antorcha a una nueva generación de líderes capaces. …

Y después de este preámbulo, me meto con lo que dijo Ho Kwon Ping.

El reto para el PAP no es sólo mantener su predominio, sino hacerlo sin perder su capacidad de autorrenovación y eludiendo esos dos grandes peligros que acechan a todo partido en el poder: la corrupción y las luchas intestinas.  

Ho presenta tres escenarios para los próximos 50 años. El escenario “status quo”: el PAP sigue controlando entre el 85 y el 90% de los escaños en el Parlamento. Ho señala con cierto cinismo que lo importante no es tanto el porcentaje de votos que el PAP consiga como el control de Parlamento. Ho estima que este escenario es posible durante los próximos quince años, pero improbable más allá.

El segundo escenario es el que denomina “partido dominante”. El PAP controla entre los dos tercios y la mitad más uno del Parlamento. Es un escenario parecido al que existe hoy en día en Malasia con la coalición del Barisan Nasional que también lleva gobernando desde la independencia. Es el escenario más probable para los próximos 15 años y más allá es simplemente posible.

El tercer escenario es el del péndulo bipartidista. Podría venir por dos vías: o bien un partido de oposición o una coalición de partidos opositores se hace con el voto anti-PAP,o bien el propio PAP se escinde y lucha contra sí mismo. Mientras que estima que es improbable que este escenario se dé en los próximos quince años, es el escenario que considera más probable dentro de 50.

Todos los líderes del PAP asumen que tarde o temprano perderán unas elecciones. La cuestión es cuándo y qué errores podrían llevarles a esa situación. Ho considera tres situaciones que podrían llevar a esa situación. La primera sería una elección friki. Un ejemplo de que las elecciones friki existen lo tenemos en España en marzo de 2004. Un acontecimiento inesperado, los atentados del 11-M, provocaron un resultado electoral imprevisto. Lo que se dice un auténtico cisne negro. La segunda sería una escisión en el seno del PAP. Estoy de acuerdo con Ho en la dificultad de que esto ocurra. El PAP combina ideología y gestión, dando más importancia a lo segundo. Sus métodos de cooptación y de búsqueda de un cierto consenso en la cúpula garantizan su cohesión. Resulta difícil imaginarse a un grupo de diputados del PAP formando una corriente alternativa y escindiéndose. No obstante, nada hay permanente en este mundo. Aunque no en lo inmediato, a largo plazo es un escenario que podría ocurrir. El tercer escenario es uno en el que el PAP hubiera perdido su legitimidad y su popularidad de una manera tan abrumadora, que el sentido del voto se decantase ampliamente por la oposición. En estos momentos tampoco resulta un escenario verosímil. No hay más que ver cómo reaccionó el PAP a los resultados de las elecciones de 2011 y cómo en el tiempo transcurrido desde entonces ha sabido responder a las preocupaciones de los ciudadanos, para ver que no será mañana cuando pierda contacto con la calle hasta el extremo de causar un vuelco electoral. Ho piensa que este escenario podría llegar a ocurrir si los futuros líderes del PAP se vuelven complacientes con la corrupción. Precisamente, una de las fuentes de legitimidad del PAP es su record de gobierno limpio. Lo cual podría llevarnos a una reflexión curiosa y es que tal vez a la postre a los votantes les preocupen más la corrupción y la limpieza que el grado de democracia.

Ho cree que de los tres escenarios que producirían un vuelco electoral el más probable es el primero, el del “cisne negro”. Hay factores que militan en contra de los otros dos escenarios. La sociedad singapureña, con una tasa de fertilidad del 1,19%, está envejeciendo y una sociedad envejecida es poco dada a los riesgos. Prefiere lo malo conocido, que en este caso es el PAP, y la seguridad económica a una mayor democracia. Por otro lado, el funcionamiento del PAP dificulta la emergencia de corrientes. El que se mueve no sale en la foto y nadie es tan tonto que quiera quedarse fuera.

Aunque los factores que aduce para que no se produzcan los otros dos escenarios son aceptables, me parece que Ho hace una puesta facilona: habrá un acontecimiento de tal magnitud y tan inesperado que escapa a mi capacidad de pronóstico, pero sin duda se producirá y cambiará la situación. Yo me decanto más bien por lo que nos enseña la Historia: todo es transitorio y nada bueno, dura (tampoco lo malo, por suerte). Por muy bien que hayan funcionado la meritocracia y la cooptación hasta ahora, habrá un momento en que se pongan a los mandos del PAP líderes poco escrupulosos o demasiado ambiciosos y será el comienzo del fin. No sé de ninguna institución humana que haya sido capaz de mantener su eficacia y su limpieza década tras década.

Ho termina con algunas reflexiones sobre la gobernabilidad que son válidas tanto en Singapur como en cualquier sociedad posmoderna. La primera es que en el mundo de las redes sociales resulta imposible controlar la información. Los gobiernos están perdiendo su capacidad para la propaganda, para determinar cómo debe pensar la gente. Siempre habrá maneras de acceder a la información que se trata de censurar. La segunda es que vamos hacia sociedades polarizadas: abortistas contra pro-vida, oponentes y partidarios del matrimonio homosexual, laicistas y fundamentalistas religiosos. En estos debates que son los que ahora de verdad movilizan a las personas, ahora que las ideologías están en declive, no parecen posibles las posiciones centristas y moderadas. Una tercera es la pérdida de autoridad de los líderes políticos. De alguna manera el debate político se ha banalizado. Lo que un líder pueda pensar sobre la crisis de Ucrania tiene la misma importancia que sus historias de alcoba. Cuando a un líder le preocupa ser trending topic en tuiter, algo falla. Una cuarta reflexión es que, aunque sigamos hablando de la igualdad social, la realidad es que las desigualdades aumentan. Además ha surgido un tipo de nuevo rico al que le gusta hacer alarde de su riqueza y derrocharla en lujos. El viejo modelo de rico que tenía una cierta preocupación social y hacía filantropía, se bate en retirada. Yo añadiría que hasta hace poco, la ideología dominante afirmaba que el rico lo era porque se lo merecía y casi llegaba a acusar al pobre por su pobreza.

Por último, Ho apunta a una amenaza más sutil para Singapur: “la falta de una misión nacional que galvanice”, una falta de objetivo e ideales. Ho teme que, habiendo conseguido crear una sociedad rica y habiendo logrado pasar del Tercer Mundo al Primero, los singapureños caigan en la complacencia. Y es que el logro económico no basta para inspirar una sociedad.

No obstante, Ho termina su incursión en el futuro de una manera optimista, muy propia de las élites singapureñas: “Así pues concluyo la charla de hoy con una visión optimista de la política singapureña en los próximos 50 años, simplemente porque en la foto ampliada no veo la osificación de una élite política envejecida cada vez más fuera de onda con una juventud inquieta, como la que condujo a las Primaveras Árabes, ni veo temas esencialmente divisivos como en Hong Kong a propósito de su relación con China, ni el cansancio de la Vieja Europa incapaz de enfrentarse a temas grandes y difíciles [un clásico entre las élites singapureñas es considerar que Europa es una antigualla cada vez más irrelevante en el mundo moderno]. A los 50, Singapur es todavía una nación joven en busca de su futuro. No creo que tengamos más o menos retos por delante que los que tuvimos en los pasados 50 años. Simplemente serán distintos.”


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miércoles, 19 de noviembre de 2014

La gran partición



La historiadora Yasmin Khan escribió “The Great Partition. The making of India and Pakistan” con la intención de ofrecer una visión omnicomprensiva de la Partición, insistiendo mucho en el elemento humano, en cómo la vivió la población. El resultado es un libro que se asemeja más a un reportaje periodístico que al tradicional libro de Historia. Khan intenta narrar el proceso desde los dos polos: el de los decisores y el de quienes sufrieron las decisiones. Desgraciadamente el segundo de los polos pesa mucho más que el primero. El Virrey Mounbatten, Jinnah y Nehru aparecen aquí y acullá, pero no hay una descripción rigurosa ni exhaustiva de las discusiones y negociaciones que realizaron y creo que no la hay porque lo que interesaba a Khan era el primero de los polos.

El libro se lee con la facilidad con la que se leen los buenos reportajes periodísticos. En un párrafo te cuenta cómo los bienes del Raj británico se repartieron en una proporción de 80% para la India y 20% para Pakistán y en el siguiente te presenta una de las listas que se hicieron para efectuar ese reparto, en concreto en el Ministerio de Sanidad. La puntillosa burocracia india fijó hasta el número de candados, lupas y papeleras del Ministerio que corresponderían a cada uno de los dos nuevos Estados. En otro cuenta cómo se desveló el 17 de agosto, dos días después de la independencia cuál sería la frontera entre los dos Estados y para mostrar las dificultades que tuvieron muchos para asimilar que el país se había dividido trae a colación a Kuldip Nayar, que recuerda cómo un campesino musulmán fue de su pueblo a Lahore para consultar con su abuelo que era abogado. Cuando llegó descubrió que se había ido. No era consciente de que la Partición ya había tenido lugar, que Lahore había caído en Pakistán y que los hindúes se habían marchado. Estos detalles son entretenidos y hasta ilustrativos, pero uno siente que la suma de muchos pequeños detalles no basta para hacer un buen libro de Historia, que los árboles en este caso no dejan ver el bosque.

Y es una pena, porque Khan aporta ideas originales sobre la Partición, que me hubiera gustado ver más desarrolladas. Por ejemplo, afirma que no había consenso entre los musulmanes indios sobre cómo debería ser ese Pakistán por el que estaban luchando. Que sería un Estado laico y progresista es algo que sólo figuraba en la cabeza de Jinnah, como se vería luego. También, en general, los musulmanes confiaban en un Pakistán de mayor tamaño que el que finalmente les fue adjudicado. Incluso había algunos ilusos que pensaban que les adjudicarían el norte de la India con Delhi incluida, de manera que el Pakistán Oriental y el Occidental estarían unidos por vía terrestre. Una curiosidad es que muchos pensaron que la división sería transitoria, que a la postre Pakistán vería que no era viable o que ambos países adoptarían algún tipo de acuerdo para reunificarse en un régimen federal o confederal. No sabían que en política a menudo lo que parece más transitorio acaba eternizándose y si no, hay tenemos el sistema autonómico español, que nació para salir del paso en una coyuntura difícil en la que se quería impedir que los nacionalismos vasco y catalán hicieran descarrilar la transición democrática, y ha acabado convirtiéndose en algo permanente e inamovible. Otra de las ideas es que el nacionalismo que provocó la Partición fue un movimiento básicamente urbano y de clases medias, mientras que quienes más sufrieron los progroms y se vieron forzados a emigrar fueron los habitantes del campo. O sea, lo de siempre, que los más desfavorecidos son quienes acaban sufriendo las consecuencias de las pajas mentales de los favorecidos.

Khan es bastante crítica con los británicos. Tras la II Guerra Mundial el Imperio británico estaba en bancarrota y no tenía ni los recursos ni la voluntad  necesarios para mantener la lucha. Había entendido que su presencia en la India era ya insostenible y, por consiguiente, buscó abandonarla lo antes posible y al menor coste posible. A finales de 1946 los británicos se habían dado el plazo de año y medio para dividir el país y retirarse. Pues bien, ese plazo que ya era un poco justo, el último Virrey, Lord Mountbatten lo redujo a su mínima expresión: el 3 de junio de 1947 anunció que los británicos se retirarían del país para el 15 de agosto. Además de retirarse a toda velocidad, lo hicieron con mal estilo: dado que no querían problemas ni costes adicionales, no hicieron nada para frenar las matanzas intercomunales, que fueron especialmente graves en el Punjab y en Bengala. Entre 200.000 y un millón de indios perecieron en las masacres, estando la cifra real posiblemente más cerca de la segunda de estas cifras. Tal vez si hubiera muerto una decena de ingleses en el proceso, la actitud de la potencia colonial habría sido distinta. También sucedió que, como sabían que la delimitación de la frontera entre los dos nuevos Estados iba a generar mucho malestar, no la hicieron pública hasta el 17 de agosto, esto es, hasta dos días después de que se hubieran marchado. Por cierto que cómo se delimitó la frontera daría para una entrada por sí solo: lo hizo un tal Cyril Radcliffe, quien nunca había puesto sus pies en la India y que tuvo a gala trabajar sobre la base de documentos sin visitar el terreno, porque pensaba que así sería más imparcial. Imparcial no sé, pero que la cagó en numerosos distritos… Por decirlo con palabras de la propia Yasmin Khan: “La línea zigzagueaba precariamente por tierras de cultivo, cortaba a las comunidades de sus sitios sagrados de peregrinación, no se preocupaba por las líneas de ferrocarril ni por la integridad de los bosques, divorciaba las plantas industriales de las zonas agrícolas donde crecían las materias primas…” Khan concluye con un juicio que se queda corto: “En resumen, la línea Radcliffe creó un arreglo geográfico que habría sido difícil de gestionar en el mejor de los casos, incluso si todas las partes hubiesen estado de acuerdo.”

Aunque sea crítica con los británicos, Khan les culpa más por cómo efectuaron la Partición que por la Partición en sí. De hecho, afirma que la Misión del Gabinete que visitó la India en la primavera de 1946 estuvo a punto de conseguir un arreglo que hubiera evitado la Partición. Lo que falló al final fue la falta de confianza entre el Partido del Congreso y la Liga Musulmana. Khan no compra las tesis de que los británicos buscaron la Partición desde comienzos de los años cuarenta para castigar a los indios y asegurarse de que al menos en parte del subcontinente tendrían una suerte de Estado vasallo que garantizaría el enlace entre el resto de sus colonias en Asia y el Mediterráneo.

En el epílogo, Khan destaca aquello con lo que quisiera que nos quedáramos: 1) La Partición no fue inevitable. Otras soluciones habrían sido posibles; 2) El caos y la violencia que la acompañaron fueron mayores de lo que los políticos habían anticipado y tienden a ser subestimados desde la tranquilidad del presente. Ese caos y esa violencia estuvieron a punto de dar al traste con los dos nuevos Estados. De hecho uno puede preguntarse si Pakistán alguna vez llegó realmente a superarlos; 3) En parte, las imágenes actuales que tienen de sí mismos la India y Pakistán proceden del tumulto de la Partición.


Interesantes conclusiones de un libro que se lee con mucha facilidad, pero que deja la impresión de que se ha dejado muchas cosas en el tintero. Y es que hasta el mejor de los reportajes periodísticos tiene sus limitaciones para explicar una historia complicada. 

sábado, 15 de noviembre de 2014

Hong Kong y la democracia ( y 5)


Tsang estaba hecho de otra pasta que Tung y se tomó en serio lo de reformular el sistema. Lanzó un proceso de consultas, que fueron consideradas por la Comisión de Desarrollo Estratégico, y en julio de 2007 publicó el Libro Verde sobre el Desarrollo Constitucional. El Libro Verde establecía la hoja de ruta para la celebración de elecciones por sufragio universal en 2012. El Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional china dijo que ni de coña lo del sufragio universal para las elecciones de 2012, aunque dejó la puerta abierta para que el Jefe del Ejecutivo fuera elegido por sufragio universal en 2017 y todo el Consejo Legislativo lo fuera en 2020.
Tsang, que era muy bien mandado, en su informe de diciembre de ese año sobre el Libro Verde, dijo que no consideraría ninguna propuesta que fuera contra la decisión del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional. No obstante, Tsang no era tonto; sabía que una parte importante de la opinión pública hongkonita deseaba que hubiera una mayor democratización. Así fue que comenzó a dialogar con los líderes pro-demócratas, teniendo siempre en cuenta las líneas rojas que le venían impuestas por Pekin.
El resultado de esos trabajos fue el Documento de Consulta sobre los Métodos para la Selección del Jefe del Ejecutivo y para la Formación del Consejo Legislativo en 2012, que fue publicado en 2012. Los principales cambios propuestos fueron: 1) El número de miembros del Consejo Legislativo pasó de 60 a 70. De éstos 35 serían elegidos por circunscripciones geográficas y 35 por las funcionales; 2) El número de miembros del Comité Electoral que elige al Jefe del Ejecutivo aumentó a 1.200, al tiempo que se incrementaba la proporción de miembros electos de los Consejos Distritales en el Comité.
Las reformas eran modestas y tal vez su mayor efecto fue que dividieron al campo pro-democrático. El Partido Democrático optó por negociar con Pekin, mientras que el Partido Cívico y la Liga de los Socialdemócratas se enrocaban en su oposición y cinco de sus legisladores presentaron su dimisión del Consejo Legislativo.
Mientras las leyes electorales eran reformadas, también hubo cambios en el Ejecutivo en mayo de 2008, con la creación de ocho nuevos puestos de Subsecretario y nueve de Asesor Político. Cuando veas que en aras de una supuesta eficiencia los políticos empiezan a reemplazar a los funcionarios, échate a temblar. Así lo pensó la opinión pública hongkonita que en los sondeos realizados en los meses siguientes le hizo la pedorreta a Tsang. En el espacio de cuatro meses pasó de una tasa de aprobación del 66% a otra del 39%.
En marzo de 2012 tuvieron lugar las segundas elecciones a Jefe del Ejecutivo en las que concurrieron varios candidatos. En las de 2007 había concurrido un candidato del Partido Cívico, Alan Leong, que nunca tuvo ninguna posibilidad; las de 2012, en cambio, fueron mucho más movidas.
Meses antes de la elección parecía que Henry Tang, del Consejo Ejecutivo, era el candidato patrocinado por Pekin. Sin embargo, a medida que la fecha de las elecciones se acercaba, los escándalos empezaron a cercarle. Hubo dos acusaciones de adulterio. Las interesadas las negaron, pero la mujer de Tang no ayudó mucho cuando comentó que su matrimonio había pasado por momentos difíciles y que su marido tenía sus fallos, aunque ella apreciaba mucho sus puntos fuertes. No especificó ni unos ni otros y dejó en la sombra lo que sus supuestas amantes pensaban del punto o los puntos fuertes de Tang. Una acusación de adulterio puede hasta darle colorido a un candidato. Otra cosa es que se le acuse de haber tratado de manipular un sondeo electoral independiente, el de la Baptist University en este caso, o que haya levantado estructuras ilegales en su casa, y más en un país donde la tierra escasea y son tan mirados con ese tema como es Hong Kong.
Todo lo anterior hizo que la balanza empezase a inclinarse a favor de Leung Chun-ying, que también provenía del Consejo Ejecutivo y cuyas credenciales también eran del agrado de Pekin.  Finalmente Leung se llevó 689 de los votos del Comité Electoral frente a los 285 de Tang. El tercer contendiente, Albert Ho, del Partido Democrático, se quedó con unos testimoniales 76 votos.
En septiembre de ese mismo año tuvieron lugar las elecciones al Consejo Legislativo conforme a las reglas de 2010. Los resultados fueron más bien decepcionantes para los pro-demócratas: pasaron de 23 a 27 escaños en el Consejo, mientras que los partidos pro-Pekin pasaban de 37 a 43. Como de costumbre, los demócratas obtuvieron mejores resultados en las circunscripciones geográficas, donde se llevaron el 56% de los votos. Sin embargo ese margen se tradujo en sólo un escaño de ventaja sobre los partidos pro-Pekin a causa de la división entre ellos. En las circunscripciones funcionales los partidos pro-Pekin arrasaron: se llevaron 26 escaños, frente a los 9 de los demócratas.
Desde el principio Leung fue un Jefe del Ejecutivo poco popular. La campaña electoral había sido sucia y no pudo evitar que parte de la mierda que había arruinado la carrera de Tang le alcanzase a él también. Tampoco le ayudó que poco después se supiese que él también había realizado añadidos no autorizados a su casa. Además haber ganado con 689 de los 1.200 votos posibles, hizo que su victoria pareciese un poco piltrafilla. Desde el principio se le acusó de ser un lacayo de Pekin y él no ayudó cuando decidió pronunciar su discurso inaugural en mandarín y no en cantonés, como su predecesor.
Leung intentó redorar sus blasones haciendo gala de sus orígenes trabajadores: su padre era un oficial de policía y en sus primeros años no conoció lo que era la buena vida. Intentando explotar esa sintonía con los desfavorecidos ha adoptado algunas políticas populistas y populares como la de introducir un impuesto a los extranjeros que compran inmuebles en Hong Kong o la de prohibir que las embarazadas del continente vayan a la isla a dar a luz en sus saturados hospitales. Es posible que Leung hubiese pasado sin pena ni gloria a la Historia como un Jefe del Ejecutivo gris, si no hubiese surgido el movimiento Occupy Central para pedir el sufragio universal en las próximas elecciones a Jefe del Ejecutivo y al Consejo Legislativo.
El detonante del movimiento fue la decisión del Comité Permanente de la Asamblea Popular china del 31 de agosto de 2014 de que el Jefe del Ejecutivo en 2017 sea elegido por sufragio universal… entre quienes nosotros digamos. Efectivamente, el Comité Permanente ha fijado como requisito para poder ser nominado que el candidato sea una persona que “ame al país [China] y ame a Hongkong.” Todavía no sé bien cómo se demuestra el amor al país: si lo amo tanto que cada mañana me ducho tarareando el himno nacional, pero tengo mi fortuna en Andorra, ¿sigo amándolo mucho? El Comité Permanente no ha entrado en esos dibujos pero ha dicho que habrá un Comité de Nominación que designará a dos o tres candidatos que serán los que puedan concurrir a las elecciones. En cuanto al Consejo Legislativo, no habrá sufragio universal en 2016 y después ya veremos.
No entraré en cómo se desarrollaron las manifestaciones a partir de ese momento, sino en unas declaraciones que hizo Leung el 22 de octubre pasado y que causaron cierto impacto. Dijo que si se permitía el sufragio universal, la pura fuerza de los números haría que los desfavorecidos tuvieran más influencia sobre la política y convirtieran Hong Kong en un Estado del Bienestar. Bueno tradicionalmente la democracia ha consistido en saber lo que quería la mayoría, así que está bien que Leung se retrate y muestre que el sistema para Hong Kong que tiene en mente es todo menos democrático. A veces se agradecen la franqueza y la claridad en política, que ya está bien de cogérsela con papel de fumar y ser políticamente correcto.

Y termino con un apunte: durante toda la entrada he hablado de democracia y sufragio universal, pero a lo mejor la fuente última del descontento no es ésa. A fin de cuentas durante la dominación británica no había ni uno ni otro y los hongkonitas no salían a la calle a protestar. Tal vez todo sea cuestión de una sociedad que se está volviendo más desigual y donde cada vez es más difícil el ascenso social con independencia de lo que se esfuerce uno. 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Hong Kong y la democracia (4)


La unica bandera que nunca decepciona

Los chinos decidieron que ellos también querían jugar al juego de los consejos legislativos y en marzo de 1996 crearon un Consejo Legislativo Provisional. El 21 de diciembre sus 60 miembros fueron elegidos por un Comité de 400 miembros que habían sido designados por China de entre diversas categorías profesionales de Hong Kong. Digamos que el sistema no resiste demasiado bien la comparación con la ley de Patten en cuanto a democracia. La justificación china para la creación de este Consejo fue que el Consejo Legislativo salido de las elecciones de 1995 no había respetado lo previsto por la Ley Básica, con lo caducaría el 30 de junio de 1997, esto es, el último día del mandato británico. Para evitar que se produjera un vacío de poder se hacía necesaria la creación del Comité Legislativo Provisional un pelín menos democrático. 
En mayo de 1998 tuvieron lugar las primeras elecciones para el Consejo Legislativo bajo el control chino. La normativa electoral sufrió bastantes cambios con respecto a la de 1994, cambios que beneficiaron a los partidos pro-Pekin. Sorprendente, ¿verdad? Las 20 circunscripciones geográficas uninominales fueron sustituidas por cinco plurinominales. Se suprimieron las nueve categorías funcionales extras creadas en 1994 con lo que las circunscripciones funcionales volvieron a estar en manos de un grupo restringido de la élite profesional y empresarial; con la supresión de esas nueve categorías, el número de votantes de las circunscripciones funcionales pasó de 1.140.000 a 123.000. También se modificó la composición del Comité Electoral, cuyos electores en buena medida se solaparon con los de las circunscripciones funcionales.
Con estos cambios, la composición del Consejo Legislativo se alteró sensiblemente. Adiós al equilibro entre fuerzas pro-democracia y fuerzas pro-Pekin. Las fuerzas pro-democracia sólo conquistaron 20 de los 60 escaños en juego (15 por las circunscripciones geográficas y 5 por las funcionales).
También conviene referirse a la figura del Jefe del Ejecutivo, que, tras la devolución a China, reemplazó al gobernador colonial. La Ley Básica le otorgó amplios poderes. La principal limitación que tiene es que antes de adoptar ciertas decisiones políticas de calado, tiene que consular con el Consejo Ejecutivo. Lo elige un Comité Electoral cuyos miembros son elegidos o designados por las circunscripciones funcionales. Es decir, que el Jefe del Ejecutivo en última instancia es elegido por un grupo restringido de la élite. La Ley dejaba la puerta abierta para cambiar el sistema de su elección cuando hubieran transcurrido diez años, esto es, dos mandatos enteros.
El primer Jefe del Ejecutivo fue Tung Chee-hwa, un magnate naviero con contactos con el Gobierno chino y que había sido uno de los redactores de la Ley Básica. Su primer mandato fue contestado. Muchos de sus grandiosos proyectos hicieron que más de uno, incluido el mismo Gobierno chino, frunciese el ceño. Encima le tocó apechugar con la crisis económica asiática de 1997.
Aunque bastante impopular, tenía lo que hacía falta: el apoyo de Pekin. En 2002 logró el endoso de 762 de los 800 miembros del Comité Electoral. Nadie tuvo ganas de enfrentarse a un político tan apoyado. Así, sin oposición, consiguió su segundo mandato.
El segundo mandato de Tung fue aún más desastroso que el primero. Impulsó dos iniciativas de tufillo antidemocrático, la segunda de las cuales le estalló entre las manos. La primera fue sustituir en los principales puestos de la Administración a los funcionarios profesionales y neutros por políticos designados por él mismo. Según Tung, esto mejoraría la colaboración entre dichos cargos y el Jefe del Ejecutivo. Un escéptico podría pensar que lo que buscaba era cargos para recompensar a los amiguetes y es que hay gente muy mal pensada. La segunda medida, la que le estalló, fue intentar desarrollar el artículo 23 de la Ley Básica. El artículo establecía que Hong Kong establecería sus propias leyes para “prohibir cualquier acto de traición, secesión, sedición, subversión” contra el Gobierno de China, así como para prohibir que organizaciones políticas extranjeras realizasen actividades políticas en Hong Kong o que organizaciones políticas hongkonitas estableciesen vínculos con organizaciones políticas extranjeras. Tung se puso a desarrollar legislativamente ese artículo con su habitual destreza y consiguió que medio millón de hongkonitas se echaran a la calle para protestar. Aquello fue demasiado hasta para el propio Tung, que acabó congelando el proyecto de ley.
A esta cuestión política vinieron a sumarse nuevos ejemplos de las más que discutibles habilidades gestoras de Tung. El principal fiasco fue el de la gran venta de bienes inmuebles estatales. Una venta que iba a proporcionar unos 3.000 millones de dólares y en la que estaban interesados medio millón de inversores fue cancelada en el último momento por la querella de un jubilado afectado por la misma. Lo positivo del incidente fue que mostró que el Estado de Derecho seguía funcionando en Hong Kong, pero nadie se quedó con esa copla. Con lo que se quedó la gente fue con que Tung la había vuelto a cagar.
En diciembre de 2004 el propio Presidente de China, Hu Jintao, decidió que había tenido bastante y le lanzó una filípica en público. Cuando en Asia tu señorito te critica cabreado en público, es que estás metido en mierda hasta el cuello. Tung captó el mensaje. De pronto se dio cuenta de que su salud (la física, no sólo la política) no era tan buena como antaño, y el 10 de marzo de 2005 presentó la dimisión y dejó al cargo a su número dos, Donald Tsang.