miércoles 20 de agosto de 2008

Sexo slow


Sukopa me ha mandado una entrada titulada “Sexo slow”. No se trata de un alegato contra los eyaculadores precoces, sino una reflexión sobre el sexo, el tiempo y cómo los occidentales malinterpretaron el sentido del sexo tántrico; eso sí, se divirtieron mucho mientras lo malinterpretaban.

Buscar la deceleración del ritmo vital no es nada nuevo. Prácticamente desde que se inventó el reloj, el hombre está despotricando contra el tiempo. No se trata de convertirnos en perezosos, pero sí de encontrar el ritmo adecuado para hacer las cosas, aquel que nos permita saborear los momentos, aunque eso suponga dejar para mañana algunos de los puntos de la agenda.

¿Por qué ir más despacio? Podríamos dar muchas razones, pero se me ocurren dos especialmente: jamás vamos a poder hacer todo lo que queramos, porque nuestro tiempo tiene un límite. Además, ¿no es escapar del aburrimiento lo que pretendemos en el fondo, al convertirnos en seres tan monstruosamente ocupados? Y si tememos aburrirnos, es porque huimos el tiempo vacío, que haberlo haylo, así que ¿para qué correr? ¿Qué haremos mañana, si todo lo hemos hecho hoy?

Pero hablemos de sexo. Parece ser que en Occidente los encuentros sexuales tienden a ser muy breves. En 1994, en Estados Unidos, se dedicaba solamente media hora a la semana a hacer el amor por término medio. Según el Informe Kinsey, publicado en los años 50, el 75% de los maridos estadounidenses llegaba al punto culminante dos minutos después de la penetración.

Parece que detrás de tanta prisa está el instinto de supervivencia, ya que en tiempos prehistóricos una cópula rápida podría hacer al hombre menos vulnerable a cualquier ataque mientras estaba en faena. Para algunas religiones, además, las relaciones sexuales tienen por objeto exclusivamente la procreación, nada de goce, ni de búsqueda del placer.

Si en la actualidad las cosas han cambiado, ¿porqué hacer tan rápido algo que según Woody Allen es la mayor diversión que uno puede tener sin reírse?

A veces la eficacia en la vida sexual se mide por la velocidad en llegar al orgasmo. El sexo rápido puede tener sus momentos, pero hacerlo despacio nos puede llevar a una experiencia profunda y altamente gratificante, de comunicación con la pareja, además de proporcionar orgasmos mucho mejores.

El interés por el sexo lento llevó durante los años 60 y 70 a interesarse por el tantra, que significa en sánscrito: “tejido” en el sentido de continuidad. En Occidente se hizo una interpretación literal de algunos textos, que dio paso a la idea de que los ritos tantra incluyen prácticas sexuales para despertar la energía kundalini mediante el coito sagrado.

Parece que se trata de una lectura interesada, a la medida de una época que busca liberarse del conservadurismo sexual. En el fondo, el ascetismo budista no dista mucho del cristiano: el ejercicio tántrico sexual no es hedonista. Por el contrario, se pretende dominar el apetito sexual de forma que una erección pueda durar horas sin llegar a eyacular, a pesar de las artes amatorias de la mujer, que solía ser una prostituta.

En fin, parece que estamos ante un ejemplo más de mitificación de lo oriental, en este caso como sinónimo de sensualidad voluptuosa, frente a la estricta moral occidental. Las cosas no son lo que parecen, y prueba de ello es que los japoneses se están adhiriendo al movimiento Slow como a una tabla de salvación.

lunes 18 de agosto de 2008

Las preguntas de Milinda (2)

No sabemos quién ni para qué escribió “Las preguntas de Milinda”. A mí se me ocurre que quien lo compuso, pensó en hacer una especie de catecismo destinado a los novicios. Esto parece claro en el Libro segundo, que aborda todas las cuestiones que podrían ser más importantes para un novicio que se está formando (no, la cuestión de cuándo se come aquí no fue considerada importante por el autor): la naturaleza del yo, la reencarnación, cuestiones epistemológicas y los fines de la vida religiosa. De hecho las tres primeras cuestiones ocupan el 90% del libro. Es en el tema del contenido donde mejor se advierte la disparidad entre los Libros segundo y tercero y uno puede llegar a la conclusión de que el Libro tercero lo escribió otra persona. No sólo la ordenación del Libro tercero es más irregular. También sus temas son más variopintos y su tono más vulgar. Un ejemplo del Libro tercero:

“- Nagasena, ¿dónde tiene su sede la prudencia?
- En ninguna parte.
- ¡No existe entonces!
- ¿Y dónde tiene su sede el viento?
- En ninguna parte.
- ¡Entonces no existe!"

¡No me digan que Nagasena se reencarnó para tener diálogos tan chorras como éste! ¡Para esto, mejor que hubieran reencarnado a Groucho Marx, que tenía más ingenio!

Mejor centrémonos en el Libro segundo, que es más serio. Una de las preocupaciones de este Libro es la naturaleza del yo, sobre todo puesta en conexión con la naturaleza de la reencarnación.

El Libro se abre con la siguiente declaración de Nagasena: “Me llaman Nagasena: es así como me designan mis compañeros (…) eso no es más que una apelación, una noción vulgar, una expresión corriente, un simple nombre: no hay debajo de ello individuo alguno.” A continuación introduce la vieja metáfora budista del carro como imagen del individuo:

“- … ¿Viniste a pie o montado en algún vehículo?
- Yo no voy a pie, Venerable, he venido en carro.
- Ya que has venido en carro, Maharaja, defíneme ese carro. ¿Acaso es el timón el carro?
- No, Venerable.
- ¿Es acaso el eje, las ruedas, la caja del coche, el soporte del dosel, el yugo, las riendas, la fusta?
- No, Venerable.
- ¿Se trata entonces de la reunión de todas esas cosas?
- No, Venerable.
- Por más que te pregunto no veo carro alguno. ¿Qué es un carro? Una palabra y nada más…”


Nagasena remarca la idea con una cita del “Samyutta nikaya”: “De la misma manera en que la combinación de las piezas da lugar a la palabra “carro”, así la existencia de los khandhas da lugar a la convención de “ser vivo””.

Todo esto lleva a un debate filosófico muy antiguo: si los nombres designan realidades o son meras convenciones. La postura budista está clara: un nombre es una convención; no hay nada real subyacente. Si a la suma de eje + ruedas + caja + soporte + riendas + yugo + fusta, le damos el nombre de carro, resulta evidente que el carro es un mero compuesto, que no existe más allá de los elementos que lo componen. Arbitrariamente hemos decidido que una serie de elementos unidos constituyen algo que designamos carro. Este argumento antes me parecía más convincente, pero ahora le encuentro un pero importante. Siguiendo el mismo razonamiento, podríamos decir que el cuerpo humano es una entelequia, que no es más que la definición que damos a un conjunto de células. Sin embargo, un cuerpo, aunque pueda ser descomponible en un billón de células, es mucho más que la mera agregación de esas células. Así que, después de todo, puede que sí que haya algo real subyacente a los objetos que designan los nombres. Al menos desde el punto de vista de la verdad relativa.

La cuestión de la existencia del yo hay que verla en conexión con el tema de la reencarnación, que es una de las grandes preocupaciones del autor de “Las preguntas de Milinda”.

“- Nagasena, el que renace ¿es el mismo o es otro?
- Ni el mismo ni otro (…) Cuando eras niño, Maharaja, un tierno infante, acostado sobre la espalda, ¿eras acaso el mismo que hoy, que eres grande?
- No, Venerable, era otro.
- Si es así, Maharaja, ¡no tienes ni padre ni madre ni preceptor! ¡No te pueden haber formado en cuanto a las artes,a la virtud, a la prudencia! ¡Hay pues una nueva madre para cada nuevo estado del embrión, una madre para el niño y otra para el hombre hecho! (…)
- No, ciertamente, Venerable, ¿y qué dices tú al respecto?
- Soy yo el que fue niño y que ahora es hombre. El ser humano, en sus diversas épocas, obtiene su unidad de su cuerpo.(…) la sucesión de los dhammas es continua: se muestra cada uno cuando el otro desaparece; en cierto modo, no hay entre ellos ni precedente ni siguiente. Por consiguiente, no es ni el mismo ni otro el que recoge el último acto de la conciencia. (…) Si ordeñamos y obtenemos leche, que se convierte en leche cortada, y después en mantequilla fresca y después en mantequilla clarificada, ¿podemos acaso decir que la leche fresca es la misma que la leche cortada, que la mantequilla fesca, que la mantequilla clarificada?
- No, pero todas proceden de la misma.
- Lo mismo ocurre con la sucesión de los dhammas
”.

Este párrafo me deja un pelín confundido. Si mi cuerpo es quien da unidad a mi vida en sus distintas épocas, cuando el cuerpo desaparece, se acaba el individuo y punto. Pero el mismo texto apunta a que hay algo que pasa de una existencia a otra, sin aclarar ni qué es eso que pasa ni quién asegura la sucesión. Apuntaría a que el individuo es un flujo de conciencia. Pero tampoco esa respuesta es completamente satisfactoria. El texto también apunta a un concepto de los dhammas semejante al que defendían los Sarvastivadins y que es un poco de galimatías.

Los Sarvastivadins defendían que los dhammas existen en tres modos, pasado, presente y futuro. De alguna manera coexisten en el tiempo, aunque los modos pasado y futuro tengan una existencia más atenuada. A esto parece aludir el texto cuando dice: “…la sucesión de los dhammas es continua: se muestra cada uno cuando el otro desaparece; en cierto modo, no hay entre ellos ni precedente ni siguiente.” Un aspecto de esta doctrina que no he llegado a entender bien es el de la causalidad. ¿Qué relación hay entre el dhamma Tiburcio a los 35 años, 4 meses y 22 días (A) y el dhamma Tiburcio a los 35 años, 4 meses y 23 días (B)? ¿A origina B? ¿B sucede a A y ambos existen en una mera relación de yuxtaposición temporal?

Más adelante, Nagasena y el Rey vuelven a hablar de la reencarnación y la cosa parece un poco más clara:

“- Nagasena, ¿qué es lo que renace?
- El Nombre-y-forma.
- ¿El que renace es el presente Nombre-y-forma?
- No. El presente Nombre-y-forma lleva a cabo un acto bueno o malo; y como consecuencia de este acto renace otro Nombre-y-forma.
- Si no es el mismo Nombre-y-forma el que renace, ¿no estará el último liberado así de sus pecados anteriores?
- Si no hubiera renacimiento, lo estaría, en efecto; pero existe el renacer, por eso no lo está.(…)… cuando el Nombre-y-forma lleva a cabo un acto bueno o malo, es este acto el que determina el renacer de otro Nombre-y-forma (…) Sin duda el que vuelve a nacer es diferente del que muere pero procede de este último
…”

Si lo he entendido bien, hay una suerte de solidaridad entre el que muere y el que renace. Son distintos, pero están relacionados. Un amigo me dijo una vez cómo entendía esta idea: el yo que ha muerto generó durante su vida un karma. Cuando se dan las condiciones propicias ese karma de alguna manera se solidifica y nace otra persona. No es la misma que la que murió, pero trae su origen de ella.

Una metáfora que se repite en el libro para explicar la relación entre el que muere y el que renace es la de la antorcha del centinela. Un centinela tiene una antorcha para vigilar. Cuando la antorcha está a punto de extinguirse, el centinela usa su llama para encender una nueva antorcha. La antorcha que luce al final de la noche no es la misma que la que lucía al comienzo, pero ambas están relacionadas.

El tema de renacer es tan complicado, que parece lo más sensato intentar no hacerlo. La fórmula que da Nagasena es muy simple: “Si conservo apegos, volveré a nacer; si me libero de ellos, no renaceré”. Siendo el apego la causa del renacimiento, si desaparece, no habrá renacimiento. Así de sencillo.

jueves 14 de agosto de 2008

Las preguntas de Milinda (1)


Existen en la Historia Universal momentos extraños, en los que las cosas se salieron un poco de madre y se negaron a seguir por un rato los cauces previstos. Uno de esos momentos fue cuando los soldados alemanes y aliados confraternizaron en las Navidades de 1914 e impusieron una extraña tregua que se apresuraron a romper los políticos y generales que no estaban en las trincheras jugándose la vida. Otro momento fue cuando a mediados del siglo XVI el conquistador Lope de Aguirre se le puso chulo a Felipe II y le dijo que América para los que la habían conquistado y que se fuera a freír morcillas. El desafío le salió mal, pero le echó unos huevos… Otro momento peculiar de la Historia Universal ocurrió entre los siglos III y II a.n.e. en el noroeste de la India. Allí durante un par de siglos existieron unos reinos indo-griegos, resultado de las conquistas de Alejandro Magno. Resulta exótico imaginarse a griegos viendo las comedias de Aristófanes bajo las palmeras y discutiendo sobre las Ideas platónicas mientras comen tandoori de pollo. Bueno, siendo los hombres lo que son, es más probable que fueran a ver shows picantes a cargo de bailarinas indias y que sus charlas versasen sobre las tetas de la camarera que les acaba de traer el tandoori de pollo.

En uno de esos exóticos reinos, en el del Rey Menandro (que reinó aproximadamente del 165 al 135 a.n.e.) trascurre el diálogo “Las preguntas de Milinda”. El Milinda del título no es otro que el propio Rey Menandro.

Se trata de una obra breve. Mi traducción tiene tres libros que juntos no llegan a las 120 páginas. Incluso es probable que el tercer libro sea espúreo. La calidad es muy inferior a la de los otros dos e incluye preguntas tan profundas como “¿por qué el mar es salado?” y “¿existen huesos de una longitud de 100 yojanas?”. La respuesta a esta última pregunta es que sí existen, porque hay peces en las profundidades marinas que miden 500 yojanas. Un yojana equivalía al distancia que un ejército podía caminar en un día y según a quien le preguntemos, oscila entre 9’5 y 24 kilómetros. Como vemos, metafísica pura.

Hay quien ha dicho que en “Las preguntas de Milinda” se nota la influencia de los diálogos griegos al estilo de Platón. No sé si será así, pero lo cierto es que la obra se deja leer mucho más fácilmente que muchos sutras anteriores y contemporáneos y, desde luego, es infinitamente más accesible que el Abhidharma.

No se sabe cuánto exactamente se escribió. Sí que sabemos que en 420 n.e. ya existía una versión china de la obra. Mi impresión es que cuando se escribió aún estaba reciente el recuerdo del Rey Menandro y de su reino. Asimismo no acabo de ver en la obra rasgos mahayanas, los cuales empezaron a desarrollarse entre los siglos III y I a.n.e. Por ello creo que la obra podría ser del siglo II a.n.e.

El marco de la obra, al que se le dedica todo el primer libro, es el siguiente: en la rica ciudad de Sagala, vivía el Rey Milinda. El Rey era un polemista temible, que es lo que son los reyes. Si hubiera sido un ciudadano de a pie, le habríamos considerado un tocapelotas de abrigo. Los religiosos del reino no sabían dónde meterse, para que el Rey no les friera a preguntas. Fue en esta situación angustiosa, que el dios Mahasena decidió reencarnarse en el hijo de un brahmán, al que pusieron de nombre Nagasena. El libro cuenta las peripecias de la formación de Nagasena y concluye con su encuentro con el Rey Milinda, que no puede menos de reconocer que: “He visto a muchos pensadores y he iniciado muchas conversaciones, y nunca me he encontrado miedoso y tembloroso como hoy. Sin duda este día señalará mi derrota y la victoria de Nagasena, viendo lo vacilante que está mi espíritu.”

Emoción, ¿derrotará Nagasena a Milinda? ¿Se harán amigos? ¿Resultará que ambos “entienden” y formarán una pareja de hecho? Las respuestas en la próxima entrada.

miércoles 13 de agosto de 2008

Samak, Superstar

Con estas manitas y mi cocinita cocino un decreto-ley, digo una comidita que os vais a chupar los dedos.

Hay gente que equivoca su vocación. Se hicieron parlamentarios cuando de verdad lo que querían era ser payasos. Les iba el arte dramático y acabaron de futbolistas (no hay más que ver lo bien que se tiran al suelo y gesticulan para entender que el mundo ha perdido un gran actor). Una de esas vocaciones fallidas es la de Samak Sundaravej. Ha elegido ser un mal Primer Ministro, cuando su camino en la vida era el de estrella televisiva.

Un sondeo realizado en mayo revelaba que el 50’8% de los thailandeses le apoyan, pero hay un 46’5% que no ven el momento de que dimita. En cambio, en el sondeo de abril sobre su programa semanal “Hablando al estilo de Samak”, el 71’2% de los entrevistados encontraron que su contenido es muy o bastante adecuado. Sólo el 5’7% discrepaban con el programa. O sea: “Queremos a Samak en la televisión, pero no en el Gobierno”. Tal vez sea: “Queremos a Samak en la televisión para que no esté en el Gobierno”, pero no voy a meterme en esas sutilezas.

El programa que ahora presenta Samak es un programa de cocina condimentado con comentarios políticos. Un poco como los programas que hacía Arguiñano, pero sin buena gastronomía, sin chistes y con política. Justificando este pluriempleo, Samak afirma que “la Constitución no impide al Primer Ministro que hable de comida.” En su caso tal vez la Constitución debería imponerle que sólo hablase de comida. O ni eso; dicen los entendidos thailandeses que en su programa Samak demuestra que conoce tanto de cocina thailandesa como de política. No sé si es un elogio o todo lo contrario, pero se me han quitado las ganas de probar sus menús.

Tal vez Samak debería probar fortuna con un programa televisivo de humor. En tal programa serían bienvenidas sus agudas observaciones geopolíticas tales como: “Estados Unidos está un poco lejos, pero es un buen y viejo amigo. Pero China es más que un buen y viejo amigo. No estamos lejos. Estamos en la misma zona.” Magnífico. Samak se conoce el mapamundi y ha seguido con interés y aprovechamiento el programa de barrio Sésamo en el que enseñaban los conceptos “cerca” y “lejos”.

Samak también ha demostrado sus conocimientos de Historia, sobre todo de Historia reciente. El sangriento golpe de 1976 sin ir más lejos. Preguntado por su intervención en aquellos hechos, Samak responde: “Niego todo. No me preocupa ese asunto. Y no tengo nada que ver con él. Era un outsider entonces. (El outsider Samak en el momento de las matanzas de 1976 estaba llevando a cabo una intensa campaña propagandista de corte derechista e inmediatamente después del golpe fue hecho Ministro del Interior).

Preguntado sobre si condenaría los acontecimientos de 1976 su respuesta diplomática fue: “Realmente es el movimiento de algunos estudiantes. No les gusta el gobierno.” Vale, pero la pregunta era si condenaba lo ocurrido.

Por cierto que, en lo que se refiere a los acontecimientos de 1976, Samak demuestra unos pobres conocimientos aritméticos:

- Entrevistador: Decenas de personas, tal vez centenares murieron.

- Samak: No, sólo murió uno. Había 3.000 estudiantes en la Universidad Thammasat.

- Entrevistador: El balance oficial fue de 46 muertos y mucha gente dice que fue mucho más elevado.

- Samak: No. Para mí que no hubo muertos. Sólo un tipo desafortunado, que fue golpeado y quemado en Sanam Luang. Sólo un tipo ese día.

Curioso, según Samak, los golpistas de 1976, cosa inusitada en la Historia, anunciaron un balance de muertos muchos más elevado que el real, 46 contra 1. Da miedo pensar qué resultaría si se le dijese a Samak que calculase el número de personas que murieron en los campos de concentración nazis. Seguro que la respuesta sería: “35 o 36 tipos con mala suerte”.

Apenas hubo prestado juramento Samak dijo a sus críticos: “Quiero decir a aquéllos que me han despreciado, diciendo por escrito y con palabras injuriosas que soy inepto y no sé nada, que me den tiempo para hacer este trabajo.” Pregunta: ¿a qué trabajo se refiere? ¿al de ser inepto?

Analizando el golpe de estado en Thailandia de septiembre de 2006, Samak aseveró: “(Thaksin) dirigió el país durante cinco años con mucho éxito y entonces hay un golpe. Está bien. (Lástima que Pinochet ya no esté entre nosotros para oír que un golpe está bien). Dicen, un golpe es un golpe (Al menos eran militares cultivados que se habían leído a Gertrude Stein: una rosa es una rosa es una rosa). Y luego quieren destruir a Thaksin, está bien, como quieran…” Sé que me he perdido algo en estas declaraciones, porque no me he enterado de nada. Sólo sé que está muy bien, lo que quiera que sea.

Preguntado sobre si su mentor, el ex-Primer Ministro Thaksin, fue corrupto responde: “Oh, cualquiera puede hacer algo culpable si se le puede probar, pero para mí, no un amigo (…) Pregunte a Thaksin o pregunte a su mujer, nunca han pensado que hubieran hecho nada malo.” De acuerdo, pero, ¿fueron corruptos?

Samak podrá no ser un buen Primer Ministro, pero divertido, lo es un rato largo.

lunes 11 de agosto de 2008

20 años después


Un argumento empleado por muchas dictaduras para justificarse es que el desarrollo económico y la estabilidad que aportan más que compensa la pérdida de libertades. ¿Cómo se aplicaría este argumento a la dictadura birmana, que ya dura 46 años?

El Índice de Desarrollo Humano de Birmania en 2007 era 0’583, lo que le coloca en la posición número 132 de los 177 países clasificados. Está 26 puestos por detrás de los Territorios Ocupados, una zona con una densidad de población galopante e inmersa en un conflicto político. También está por detrás de Laos, un país poco poblado y sin salida al mar, que sólo tuvo paz a partir de 1975. También la ganan Guinea Ecuatorial y las Islas Salomón, conjunto de islas que no soy capaz de encontrar en mi mapamundi. A esto los generalotes birmanos podrían responderme: “¡Ya quisieran los habitantes de la República Democrática del Congo, Haiti o Sudán vivir en Birmania!” Lo cual demuestra que todo es relativo, sobre todo cuando uno es dictador.

Examinemos algunas cifras. El índice de alfabetización es del 89’8%, lo que coloca a Birmania en el 58º puesto de la tabla. Por desgracia el índice de escolarización en la primaria, secundaria y terciaria es del 49’5% (150 de la tabla). Aquí señalo mi extrañeza: ¿cómo puede haber un índice de alfabetización tan alto con una asistencia a la escuela tan baja? Me huelo que la proporción de analfabetos funcionales debe de ser bastante elevada.

El PIB per cápita es de 1.027 $ (164 en la tabla). No olvidemos que esto es un promedio y que seguramente el PIB per cápita de la familia de Than Shwe es bastante más que eso y, en justa correspondencia, el PIB per cápita real de 50 millones de birmanos es mucho menos que eso.

Un birmano al nacer tiene un 79% de posibilidades de llegar a los 40 años. Pero primero tiene que conseguir cumplir los 5 años: 105 de cada 1.000 niños no llegan a cumplirlos. A lo mejor influye que el régimen militar sólo dedica el 0’4% del PIB a sanidad. Poco gasto para un país que tiene una epidemia de sida de proporciones africanas en ciernes: el 1’3% de las embarazadas es seropositiva (el 3% en algunos puntos de control) y se calcula que en torno a la cuarta parte de las prostitutas están contagiadas.

Pero no todo son malas noticias. Al menos la junta militar ha conseguido colocar al país en primera fila en algún índice: según Transparencia Internacional, es uno de los diez países más corruptos del mundo.

viernes 8 de agosto de 2008

Hace 20 años

Hace casi un año escribí esta entrada recordando los sucesos del 8 de agosto de 1988, cuando, durante unas pocas jornadas, pareció que la dictadura militar birmana podía caer.

En Thailandia “8888” haría pensar en la matrícula del coche de un chino-thai rico y supersticioso. En Birmania “8888” recuerda una tragedia de su Historia reciente: el 8 de agosto de 1988.

El 5 de septiembre de 1987 el Gobierno del dictador Ne Win declaró que todos los billetes de 25, 35 y 75 kyats dejarían inmediatamente de ser válidos. Fueron reemplazados por nuevos billetes de 45 y 90 kyats. De un plumazo entre el 60 y el 80% del dinero en circulación pasó a no valer más que el papel en el que estaba impreso, que en el caso de Birmania no es mucho. De todas las explicaciones a la medida, la más plausible es que se introdujo porque el 9 era el número de la suerte de Ne Win, según le había dicho su astrólogo, y así los nuevos billetes tendrían como base su número de la suerte (4 + 5 = 9 y 9 + 0 = 9). Ne Win no entendería nada de economía, pero de numerología entendía un huevo.

A la gente, descubrir que de un día para otro se habían quedado sin ahorros para que su bienamado líder tuviera buena suerte, le cabreó algo así como bastante. Y cuando pensaron que ya llevaban veinticinco años de mamonadas de Ne Win, como que se cabrearon bastante más.

Empezó a haber manifestaciones callejeras. La población estaba harta y saltaba a la mínima. El 12 de marzo de 1988 en un garito hubo una pelea entre tres estudiantes y unos borrachos, que les provocaron por una nimiedad. La policía intervino y detuvo a los borrachos. Uno de ellos resultó que era el hijo de un jefazo del partido único. La policía cumplió con su deber: se cuadró, le pidió disculpas y les liberó a él y a sus compañeros. En otro tiempo, la gente lo habría aceptado resignadamente como un recordatorio más de que vivían bajo una dictadura. En esos momentos, cundió la indignación y los estudiantes montaron una manifestación. La policía antidisturbios intervino con brutalidad y mató a un estudiante de un balazo.

El 18 de marzo miles de personas se manifestaron en Rangún. La policía y el ejército se enzarzaron en un concurso por ver quién era más salvaje que el otro. Varios estudiantes fueron muertos a palos y 42 murieron asfixiados en una furgoneta en la que habían sido amontonados y abandonados a pleno sol. Pero las manifestaciones siguieron.

En julio, viendo que las protestas no disminuían, Ne Win anunció que abandonaba la presidencia del partido único, el Partido del Programa Socialista Birmano. Su sustituto sería Sein Lwin. ¿Había motivos para alegrarse? ¡Ninguno! Sein Lwin era el responsable de la masacre en la universidad de Rangún en julio de 1962 y había estado al frente de la represión de las manifestaciones en los meses anteriores. Se iba la zorra y dejaba a la comadreja al frente del gallinero. Por si no había quedado claro quién seguía mandando y lo que se esperaba de la población, Ne Win advirtió que en lo sucesivo, si seguía habiendo manifestaciones, el ejército no dispararía al aire, sino a dar. Al menos parece que Ne Win no preveía apalear a más manifestantes hasta la muerte y ofrecía una muerte más rápida. Al final hasta él tenía su corazoncito.

El 8 de agosto de 1988 a las 8 y 8 minutos de la mañana comenzó una huelga contra la dictadura. Pronto decenas de miles de personas salieron a las calles de Rangún a manifestarse. Y no sólo en Rangún, también en Mandalay, en Sagaing, en Pegu, en Toungoo. El país se levantaba para poner fin a la dictadura.

Hubo un momento en aquella jornada en el que pareció que el régimen había perdido su capacidad de reacción y se derrumbaba. Pero nunca hay que subestimar a los psicópatas y menos cuando llevan uniforme. A las once de la noche varios camiones cargados de tropas aparecieron en la plaza del Ayuntamiento. Los soldados apuntaron a los manifestantes. Éstos empezaron a cantar el himno nacional. Los soldados hicieron el acompañamiento con ráfagas de ametralladora. Nunca se sabrá cuánta gente fue asesinada en ése y los siguientes días. He leído muchas cifras dispares. Ninguna bajaba de las mil víctimas.

El 13 de agosto Sein Lwin anunció que dimitía. O bien los psicópatas tenían agujetas de tanto apretar el gatillo, o bien se les habían terminado las balas. Le sustituyó Maung Maung, el historiador oficial del país. Tal vez los militares quisieran convencer a la gente de que de una dictadura se pasaba a una dictablanda. Pero la gente no se convenció.

El 26 de agosto tuvo lugar la que tal vez fuera la mayor concentración de todas. Fue en la pagoda Shwe Dagon de Rangún, el punto más emblemático para los birmanos. Los asistentes acudieron a escuchar a Aung San Suu Kyi, la hija de Aung San, el héroe de la independencia. Aung San Suu Kyi habló con serenidad y aplomo y se convirtió en la líder de quienes luchaban por la democracia. Más que eso, se convirtió en un símbolo. Se le transfirió el carisma de su padre y de alguna manera se vio que tal vez ella fuera capaz de acabar la tarea que su padre no logró terminar. Añadiendo al simbolismo, el 6 de septiembre, 9 de los 11 supervivientes del grupo de Treinta Camaradas que junto a Aung San lucharon por la independencia, denunciaron las acciones de Ne Win (otro de los Treinta Camaradas) y pidieron al Ejército que se uniera a los manifestantes. Cualquier legitimidad basada en la lucha por la independencia de la que quisiera revestirse Ne Win, había quedado destruida.

Me gustaría terminar esta entrada aquí, en el momento en el que los birmanos tocaban la libertad con la punta de los dedos. Pero la Historia de Birmania parece reacia a los finales felices. Seré breve en contar lo que sigue. Me entristece.

El 18 de septiembre camiones cargados de soldados y autoametralladoras entraron en Rangún y dispararon indiscriminadamente contra todo grupo de manifestantes que se encontraron. Una junta militar, autodenominada Consejo para la Restauración de la Ley y el Orden Estatales y cuyas siglas en inglés, SLORC, suenan a escupitajo tomó el poder “para evitar la desintegración del país” y dijo, como una broma macabra, que no habían muerto más que quince manifestantes.

De esto hace 19 años. Los militares siguen gobernando Birmania. Nadie pagó nunca por los muertos de agosto y septiembre de 1988.





Chiste de aquel entonces. Dice que los generales birmanos han ganado todas las medallas en la competición de tiro al blanco en los Juegos Olímpios, que ese año se celebraron en Seúl. La G. que aparece en sus cabezas no es la abreviatura de "perro" en birmano, como los malpensados hubieran podido creer. Es la abreviatura de general. Tienen las cabezas demasiado pequeñas para que les quepa entera la palabra. Ésa o la de ser humano.

jueves 7 de agosto de 2008

Perspectivas de la economía asiática

Gracias a la globalización, la economía mundial se parece ahora a un ascensor. Son las cuatro de la tarde y entra en el ascensor un hombre que acaba de zamparse una fabada y siente una enorme pesadez y ardor de estómago. Ese es su problema. Se cierran las puertas. El hombre se tira un cuesco de antología. Ahora su fabada es el problema de todos.

El Banco Asiático del Desarrollo (BAD) en su informe de situación del mes de julio ha dicho que Asia está saliendo bien parada hasta ahora de la crisis de las hipotecas basura (siempre he entendido que llamarlas “subprime” era un eufemismo en lugar de su verdadero nombre, “basura”), pero que no deja de estar dentro del mismo ascensor que Estados Unidos y Europa y que alguien se ha tirado un cuesco y está empezando a oler.

El crecimiento esperado para 2008 y 2009 será un 7’6% que ya querrían pillar en otras latitudes. Ésa es la buena noticia. La mala es que el 2007 el crecimiento fue del 9% y que Asia no las tiene todas consigo. Aún hay factores que podrían disminuir ese crecimiento.

El primero es la inflación. La subida de los precios de los alimentos y la energía está empezando a ser preocupante. Esto lo dicen el BAD y mi mujer, cada vez que vuelve del mercado. En China la inflación en junio fue del 7’1%, en Singapur del 7’5% (la más alta en 26 años), en Indonesia del 11%, en Filipinas del 11’4% y en Vietnam del 25%.

La manera más habitual de contener la inflación es mediante la política monetaria, por ejemplo, subiendo los tipos de interés. Lo malo es que en un momento en que a la economía asiática parece que está a punto de darle un ataque de hipo, no resulta lo más adecuado. Además, una subida de los tipos de interés apreciaría las monedas, lo que tendría consecuencias serias para unas balanzas comerciales a las que la recesión norteamericana y europea y la depreciación del dólar ya han empezado a causar problemas. Hay algo perverso en la ciencia económica, que siempre está planteando dilemas de este tipo: ¿quieres que no se te dispare la inflación? ¡Perfecto! Aplica esta receta que te joderá las inversiones. Los economistas se parecen a los médicos, que cuando te duele la rodilla te recetan un antiinflamatorio que te estropeará el estómago.

En lo que va de año las exportaciones asiáticas han aumentado, pero su balanza comercial ha empeorado con la subida de los precios de las materias primas y el aumento de las importaciones. El superávit comercial chino se redujo un 11’6%. También se redujeron los superávits de Taiwán y Singapur y en el caso de Corea se pasó del superávit al déficit. Vietnam es el que lo tiene peor: sus exportaciones bajaron, sus importaciones crecieron por la demanda interna y sus productos se volvieron menos competitivos por la apreciación de su moneda. Y ni pensar en depreciarla con una inflación del 25%.

Si las exportaciones están ayudando menos que de costumbre a las economías asiáticas, no hay que esperar mucho de la demanda interna. Los consumidores no andan en sus mejores momentos. El consumo ya ha empezado a caer en casi todos los países de la zona.

Donde más se nota que Asia está metida en el mismo ascensor que todos los demás es en los mercados bursátiles. La página de Negocios del Bangkok Post trae las cotizaciones de las Bolsas asiáticas, en verde cuando suben y en rojo cuando bajan. Hace meses que el color rojo predomina y hay días que hacía daño a la vista tanto color rojo junto. La Bolsa china cayó entre octubre de 2007 y junio de 2008 un 50%, eso es caída libre y no la del IBEX. En Corea, Singapur y Taiwán las caídas oscilaron entre el 15% y el 20%. Aquí nuevamente los vietnamitas batieron el record: su Bolsa cayó un 60%.

El BAD, como todos los organismos internacionales, intenta mostrarse optimista y destacar que Asia sigue creciendo, a pesar de la amenaza de la inflación. Tal vez sea que sus economistas no compran en los mismos mercados en los que compro yo. Mi impresión es más bien: “¡Joder, qué caro está todo!” Y en cuanto a lo de que sigue el crecimiento, pues bueno, pues sí, pero nos vemos a final de año y lo comentamos más a fondo.