domingo, 31 de agosto de 2014

El Partido ¿Demócrata? Thailandés (2)


Las primeras elecciones democráticas tuvieron lugar en enero de 1975. La participación fue de un escasísimo 47%. Se ve que la gente no se lo acababa de creer. Los demócratas ganaron, consiguiendo 72 de los 269 escaños de la Cámara. El líder demócrata Seni Pramoj formó un gobierno de coalición y demostró que tampoco a él se le daba bien lo de mantenerse en el poder. Duró exactamente 27 días. Y para colmo le sustituyó su hermano menor, Kukrit Pramoj, con quien no se llevaba excesivamente bien. Los follones de familia joden más que los follones políticos.

La situación política era tan volátil que en abril de 1976 hubo que convocar nuevas elecciones. En esta ocasión los demócratas alcanzaron una gran victoria: el 25% de los votos y 114 de los 279 escaños de la Cámara. Seni puso de manifiesto en esta ocasión su pragmatismo: si para tocar poder, uno debe aliarse con el diablo, pues uno se alía y punto pelota. Los aliados que se buscó fueron el Chart Thai, el Partido Social Nacionalista y el Partido de la Justicia Social. Que el líder del Chart Thai, Pramarn Adireksarn, hubiera hecho campaña con el eslogan “La derecha mata a la izquierda”, no parece que quitase el sueño al demócrata Seni. De hecho nombró a Pramarn Viceprimer Ministro. A pesar de todos los compromisos y componendas tampoco en esta ocasión Seni consiguió mantenerse mucho tiempo en el poder. El 6 de octubre de 1976 los militares le invitaron a volverse a casa y él, que era muy educado, les obedeció.

Ni Seni ni el partido supieron responder a la nueva situación y cuando se convocaron elecciones en 1979 apenas consiguió el 14% de los votos y 33 de los 301 escaños en juego. A Seni le sucedió al frente del Partido el coronel Thanat Kormantr del que lo más que se puede decir es que estuvo durante tres años liderando un partido que andaba un poco perdido y que siguió perdido tras su marcha.

En 1982 Bhichai Rattakul asumió las riendas del Partido. Era un hombre inteligente y supo formar una buena relación de trabajo con el Primer Ministro Prem Tinsulanonda, en cuyo Gabinete fue Viceprimer Ministro. Ello hizo que el Partido se beneficiase por asociación de la popularidad de Prem y que ganase las elecciones de 1986 , conquistando 100 de los 347 escaños en juego. Sin embargo, en lugar de disfrutar de la victoria, los demócratas cayeron en uno de los viejos hábitos de la política thailandesa: el faccionalismo.

Descontentos con la distribución de carteras ministeriales y con el hecho de que el hijo de Bhichai se hubiera llevado la de Ciencia y Tecnología, formaron un grupo disidente que se autodenominó “10 de enero” y que en las siguientes votaciones en el Parlamento se puso a votar en contra del Gobierno. Prem, mosqueado, convocó nuevas elecciones en 1988 y los demócratas cosecharon los frutos de su desunión (o de la gilipollez, que también sirve): quedaron en tercer lugar con sólo 48 de los 357 escaños en juego.

En 1990 Bhichai entregó el liderazgo del partido a Chuan Leekpai, que es para mí el mejor líder que los demócratas hayan tenido nunca. Chuan había sido Ministro en la Oficina del primer Ministro, Ministro de Justicia, Ministro de Comercio, Ministro de Agricultura y Cooperativas, Ministro de Educación, Presidente del Parlamento, Ministro de Salud Pública y Viceprimer Ministro. Todo un carrerón y además había dejado tras de sí una imagen de eficacia y limpieza. Si lo primero no es común, lo segundo ya es rarísimo. 

En septiembre de 1992, tras el final de la dictadura del General Suchinda, se celebraron elecciones y el Partido Demócrata las ganó, consiguiendo 79 de los 360 escaños en juego. Ya sé que no es una gran victoria, pero después de lo de 1988…

Chuan Leekpai formó gobierno con el Phalang Dharma y el Ekkaparb. A pesar de lo difícil que resulta formar gobiernos de coalición en Thailandia, Chuan intentó que su gobierno fuera tecnocrático y eficiente. Chuan continuó las políticas económicas de gobiernos anteriores en lo que habían tenido de bueno y liberalizó la economía al tiempo que daba más peso al sector privado. No le fueron ajenas las preocupaciones sociales y trató de que los campesinos vieran incrementados sus ingresos. Asimismo quiso descentralizar la Administración, dando más poderes a las administraciones locales y provinciales. Finalmente, en lo que se refiere a las FFAA quiso reducir su tamaño y su autonomía.

Tal vez el mayor defecto de Chuan y el que acabó provocando su caída en 1995 fue que, aunque él era honesto, no supo atajar a los miembros de su gobierno que dejaban que desear en ese sentido. Su gobierno cayó en 1995 a causa de unos negocios ilegales de tierras en los que se vio envuelto su Ministro de Transporte  y Comunicaciones Suthep Thaugsuban.

La corrupción le pasó factura al Partido Demócrata, que quedó en segundo lugar. Aun así, los electores debieron de apreciar su eficacia gobernando, porque quedó a solo 6 escaños del ganador, el Chart Thai. Tanto el gobierno del Chart Thai, que duró poco más de un año, y del New Aspiration Party que le sucedió hicieron añorar a los demócratas. Fueron ineficaces, no vieron venir la crisis asiática de 1997 y en cuanto a corrupción, los demócratas eran unos aprendices a su lado.

La crisis asiática estalló a comienzos de julio de 1997 y para comienzos de noviembre el Primer Ministro Chavalit Yongchaiyudh tuvo que tirar la toalla. El puesto y la crisis le venían grandes. Y de modo natural Chuan volvió a ser Primer Ministro. El Partido Demócrata había sido el segundo partido más votado en las elecciones de septiembre de 1996 y aún perduraba el recuerdo de la eficiencia de Chuan.


Este segundo mandato fue un regalo envenenado. Para empezar tuvo que formar una coalición tormentosa con otros cinco partidos. Entre formar una coalición de gobierno en Thailandia con otros socios y meterse en una habitación llena de serpientes venenosas, hay que escoger siempre la segunda opción. Es la menos peligrosa. Más que gobernar, Chuan pasó su segundo mandato achicando agua. Cuando no tenía que pelearse con sus socios, tenía que aplicar las políticas que le imponía el FMI. Chuan salvó al país de la quiebra, pero en el camino perdió a su partido. 

viernes, 29 de agosto de 2014

El Partido ¿Demócrata? Thailandés (1)


Hace muchos años, en los noventa, cuando vivía en Thailandia, quedé gratamente impresionado con el Partido Demócrata tailandés. En un país donde los partidos políticos apenas eran más que vehículos para que unos cuantos políticos con redes clientelares consolidadas avanzasen sus intereses, el Partido Demócrata, que era el más antiguo del país, tenía una ideología clara e incluso podía situársele en el centro del espectro político thailandés, a sabiendas que el espectro político thailandés está bastante escorado hacia la derecha. Pero eso eran los noventa y ha llovido mucho desde entonces.

El Partido Demócrata fue fundado en 1946 por Khuang Aphaiwong. Khuang venía de familia noble y el fascistizante y pro-japonés mariscal Phibun Songkhram le designó Primer Ministro en julio de 1944 cuando se veía que los japoneses perdían la guerra y que había que mostrar a los Aliados un Primer Ministro un poco más presentable, y que no hubiera pactado con los japoneses, que lo que había. Tras el final de la II Guerra Mundial, los thailandeses se hicieron demócratas que era lo que tocaba y el 6 de enero de 1946 tuvieron lugar elecciones, en un sistema en el que todavía no existían los partidos. Tras las elecciones Khuang volvió a ser Primer Ministro, pero cayó a los dos meses por falta de apoyos en el Parlamento a un proyecto de ley.

Apartado del poder, Khuang creó el Partido demócrata con una ideología conservadora y monárquica, que tenía como uno de sus objetivos hacerle cosquillas al Primer Ministro Pridi Phanomyong, que le había sucedido y que era de tendencias izquierdistas para lo que es Thailandia.

Khuang volvería al Primer Ministerio por tercera vez de manera parecida a la primera. Phibun Songkhram dio un golpe de estado en noviembre de 1947 y le colocó a él, un civil, que parecía más presentable. Khuang convocó elecciones en enero de 1948 y su partido las ganó. Reconducido como Primer Ministro el pobre Khuang demostraría que lo de conservar el poder se le daba fatal. El 8 de abril de 1948 Phibun Songkhram le dio la patada y se puso a sí mismo en el puesto.

Ya desde su creación el Partido Demócrata dejó ver una serie de características. Una fue su cercanía a Palacio y su plena pertenencia al establishment. Otra fue su ineficacia frente a los militares. Cada vez que los militares daban un golpe (y dieron varios) los demócratas pataleaban un poco y a continuación se retiraban a su osera a lamerse las heridas.

También en aquellos años iniciaron otra práctica que se ha terminado convirtiendo en su imagen de marca: el boicot a las elecciones. En 1951 los militares dieron un nuevo golpe de estado y al año siguiente convocaron elecciones. Los demócratas en el último momento decidieron retirar a sus candidatos y boicotearlas, anticipando que habría un fraude masivo. Haciendo de la necesidad virtud, al Partido le gusta presentar ese boicot como un ejemplo de su oposición a los militares golpistas. No sé por qué, sospecho que a éstos no les quitó demasiado el sueño la ausencia de los demócratas en las urnas.

Los siguientes años fueron los de la travesía del desierto. Los militares controlaban férreamente el poder y no había quien les tosiese. Peor todavía. Con habilidad, los militares se arrimaron al Trono, privando al Partido Demócrata de la única ventaja que tenía frente a ellos.

Durante los siguientes 20 años los demócratas del Partido Demócrata y los demócratas thailandeses (dos grupos que se parecen pero que no son lo mismo), estuvieron comiéndose los mocos. Finalmente en 1973 la dictadura militar hizo lo que a la postre hacen todas las dictaduras militares, aunque algunas peinen canas: caer. 

martes, 26 de agosto de 2014

El tiempo burlón



El tiempo todo lo erosiona y todo lo destruye, pero hay veces que encima lo hace con recochineo. En el That Luang de Vientiane hay un guardián. Originalmente sostenía una maza e imponía respeto. El tiempo ha jugueteado con la maza y ahora parece que se esté haciendo una paja. Una vez más, el tiempo ha tenido la última palabra.

sábado, 23 de agosto de 2014

Iban a ser unas vacaciones románticas


Iban a ser unas vacaciones románticas después de un año de mucho estrés. Habían quedado Mónica y Arturo en que se cogerían la primera quincena de agosto y se irían a Lanzarote. Se alojarían en algún hotelito rústico y pasarían los días en alguna playa nudista, leyendo, mirando el horizonte o simplemente abrazándose. No necesitarían más.

A comienzos de junio, una tarde que habían quedado para ir a la Feria del Libro, Mónica le dijo que lo sentía, que no era él, sino ella, que seguirían siendo grandes amigos y confidentes y que las vacaciones de agosto quedaban canceladas. Él, lo que oyó fue “que he encontrado a otro y que me da lo mismo donde te pudras, siempre que sea un poco lejos de mi vida”. También oyó que las vacaciones de agosto habían quedado canceladas. Al menos hubo un mensaje que circuló entre ambos sin equívocos.

Esa noche lloró por Mónica y también por las vacaciones canceladas y en algún momento de la duermevela se dijo que él tendría sus vacaciones románticas.

Aquella tarde fue a la agencia de viajes a buscar un destino caribeño repleto de mulatas. Cuando se sentó ante la señorita vio a espalda de ella un poster que anunciaba: “Vuelos a Vientiane” por 600 euros. Aquello cabía holgadamente en su presupuesto. Con lo que se ahorrase tendría para mas condones y piñas coladas.

- Quiero ir a Vientiane- anunció solemne y en su cabeza giró un carrusel de daiquiris, mulatas, salsa y barbacoas en la playa.

Fue al salir de la agencia, con el billete en el bolsillo de la chaqueta, que se fijó bien en el folleto que le había dado la señorita. Había la foto de una pagoda y de una joven muy sonriente de ojos rasgados. Leyó un poco el texto y lentamente fue alumbrando en su cabeza la horrible idea de que Vientiane no era una isla del Caribe después de todo. Pero en su desesperación, sacó fuerzas y se dijo convencido: “No sé dónde estará Vientiane, pero follar, yo follo”.

Fue en el aeropuerto de Suvarnabhumi, mientras esperaba el vuelo a Vientiane, que conoció a Manuel. Manuel era una especie de oso peludo gigante que no paraba de reírse. Enseguida le contó que era representante de lencería femenina, según él, la única prenda de ropa que se inventó exclusivamente para quitársela.

- ¿Y a qué vas a Vientiane?

- A… a follar- confesó. Había algo en Manuel que invitaba a las confidencias.

- Excelente elección. Thailandia ya no es lo que era. Está sobreexplotado.

- ¿De verdad que he elegido bien?

“Lo mejor de Asia”, dijo Manuel y comenzó a enumerar todo lo que Asia tenía que ofrecer. Las filipinas no eran malas mujeres, pero sólo pensaban en casarse. Hacían unas esposas aceptables a condición de que el marido estuviera dispuesto a reconocer unas cien veces al día que se había casado con la mujer perfecta. Las thailandesas se lo montaban muy bien en la cama, pero no eran de fiar. Te dejaban de un día para otro. “Como algunas españolas”, apostilló él, pero Manuel estaba lanzado y no le escuchó. Las indonesias sufrían de furor uterino. Conversación cero, pero ¿quién piensa en eso cuando está encima de una indonesia? Las indias, muy sensuales y en los últimos años había surgido un interesante mercado de segunda mano, de jóvenes divorciadas que después de haber pasado un matrimonio horrible con un compatriota en el que apenas habían tenido sexo satisfactorio, se morían por follar con cualquiera que no fuese indio. Las japonesas eran todas unas geishas en potencia y las mejores mujeres del mundo, si se les pasaban por alto algunas rarezas y que eran paticortas. En fin, que por descarte, las mejores eran las laosianas.

Para cuando el avión inició la maniobra de descenso, Arturo exhibía una erección considerable. Hacía tantísimo tiempo desde la última, que ya se le habia olvidado que una polla puede excitarse de buenas a primeras simplemente con la conversación. Pensó que el año que acababa de pasar bien hubiera podido titularse “el año que viví sin líbido”. Pero ahora estaba en Vientiane para remediarlo.

El aeropuerto era pequeño y funcional. Apenas salieron al vestíbulo de entrada una laosiana delgada y guapa se acercó a Manuel, cruzó las manos ante el pecho e inclinó la cabeza en gesto de saludo. “Mira, ésta es Tadam. Mi novia.” Tadam se volvió a Arturo y le dirigió una sonrisa que hizo que éste por primera vez se alegrase realmente de haber cambiado mulatas por asiáticas.

A Tadam le siguió toda una tribu de hermanas, tías, padres y amigas que Manuel fue presentando a Arturo, que no bien los veía se olvidaba de quiénes eran. Oleada tras oleada de sonrisas silenciosas y cabezas que se inclinaban con respeto. Arturo empezaba a estar desbordado.

- Y ahora al hotel- dijo Manuel.

- ¿No vas a ir a casa de tu novia?

- ¿Y desaprovechar mis últimas noches de soltero? Ya dormiré junto a ella todo lo que quiera cuando estemos casados.

A la familia de Tadam, al parecer también les parecía normal que el novio durmiese en un hotel. Les montaron en una pick up y les llevaron sin rechistar a un hotelito junto al Mekong.

En la recepción, mientras rellenaban las fichas, Manuel le advirtió. “Ahora a la habitación a descansar un rato. ¡Y nada de pajas, que hay que estar en forma para la noche!”. El efecto de la advertencia fue que a Arturo la líbido empezó a rebosarle y casi con cada inspiración le venían a la cabeza imágenes de tetas, culos y coños, que si primero fueron los de Mónica, al final su memoria, que era bastante buena, hizo un recorrido por toda su vida sexual, empezando por la vez que vio “Emmanuelle negra” a los dieciseis años. Se dio un par de duchas frías que le sirvieron para desmentir el mito de que el agua fría apaga la líbido. Trato de distraerse con una novela policiaca que se había llevado, pero resultó peor el remedio: el escenario del crimen era un burdel y eso le daba excusa al escritor para meter descripciones que en otro momento habrían satisfecho a Arturo, pero hoy no era el día. Fue sólo con mucho esfuerzo que logró mantener las manos apartadas de esa especie de volcán que le había aparecido en la entrepierna.

A las ocho se encontró con Manuel en la recepción. Fueron a cenar a un restaurante francés que había junto al hotel. Pidieron caracoles, una ensalada niçoise y algo que les dijeron que era merluza a la beurre. Mientras comía a dos carrillos, Manuel le fue explicando lo que la noche daría de sí. Arturo apenas probó bocado. El corazón le latía como si quisiera salírsele por la boca y el volcán de la entrepierna había alcanzado unas dimensiones que casi eran dolorosas.

Tras la cena fueron a la discoteca. Por fuera estaba iluminada por unas lucecitas navideñas incongruentes y hacía pensar en un híbrido de casino cutre, bar de carretera y centro de máquinas recreativas. Posiblemente tuviera algo de los tres. Unas cuantas chicas estaban en la entrada, así como dos hombres asiáticos vestidos con traje negro y camisa blanca, que lo mismo podían ser chulos, que encargados de la seguridad del local u hombres de negocios con ganas de marcha.

El interior estaba oscuro. Había poca gente bailando en la pista, pero la barra y las mesas estaban llenas. Arturo observó que la proporción hombres/mujeres debía ser de uno a cuatro. El sueño de su vida. No había tenido una proporción tan favorable desde el velatorio de su abuela, cuando acudieron todas las miembros de su grupo de Adoración Nocturna.

- Aquí hay dos tipos de chicas,- comenzó a aleccionarle Manuel,- putas vietnamitas y estudiantes laosianas. Las putas vietnamitas hablan un inglés de batalla que han ido aprendiendo con los clientes. Las estudiantes laosianas hablan un inglés de batalla que han aprendido por la radio.

- ¿Entonces cómo hago para distinguirlas?

- Si es puta, al día siguiente te pedirá treinta dólares porque sí. Si es estudiante, te pedirá treinta dólares para sus gastos en la universidad.

Se sentaron en unos butacones mullidos que al tacto daban la impresión de estar hechos de terciopelo y polvo. Al momento Arturo se sintió observado. Se lo comentó a Manuel.

- Están calibrándonos. Aquí no vienen tantos blancos. Quieren saber a qué categoría pertenecemos. ¿Diplomáticos destinados en Vientiane? ¿hombres de negocio que están de paso? ¿turistas? No se trata de perder la noche con un blanco que no merece la pena.

- Yo pensaba que seríamos nosotros los que escogeríamos.

- No te engañes. Ni aquí, ni en ninguna parte es el hombre quien escoge. Siempre escogen las mujeres, pero dejan que creamos que es al contrario, porque saben que nos hace ilusión pensar que llevamos la iniciativa.

Arturo advirtió que una chica bajita que estaba en la barra le miraba con insistencia. Sus miradas se cruzaron. Como si hubiese sido una señal, la chica se acercó a su mesa. Vestía una suerte de mono morado y llevaba los brazos desnudos. Pero no fue su traje lo que impactó a Arturo, sino el tamaño de sus tetas, que parecían la respuesta del cielo a sus fantasías de adolescente. “¿Serán de verdad?”, le susurró a Manuel. “En este país nadie tiene dinero para una cirugía plástica, asi que tienen que ser de verdad”. La chica le tendió la mano. “My name is Fon. I sit with you?” Hablaba el inglés como si lo cantase y conseguía que fuese casi tan incomprensible como el laosiano.

Arturo se corrió un poco y le hizo sitio. Aunque había sitio más que de sobra, ella se sentó pegada a él, muslo contra muslo, sus tetas casi rozándole los brazos. Ella dijo algo, pero Arturo no la escuchó. Se sentía como dentro de una centrifugadora, con la cabeza dando vueltas. Entonces ella le cogió la mano y entrelazó los dedos con los suyos y fue como si el mundo se detuviese. Nadie había tenido ese gesto con él en los últimos dos meses. Hubiera querido llorar. Fon se llevó su mano a la mejilla. Se la puso allí un momento y le besó el dorso.
Arturo quiso pedirle consejo a Manuel sobre cómo se navegaba en esos mares, pero Manuel ya estaba abrazado a una chica y tenía cara de no querer que le interrumpieran. En todo caso, no hacía falta que se hiciera muchas preguntas. Fon tenía claro cómo conducir la situación.

Estuvieron mucho tiempo asi sentados, con las manos entrelazadas y mirando a la pista. En otro momento tal vez Arturo habría sido más osado y habría empezado a abrazarla y a meterle mano por debajo de la ropa, pero hoy quería sentirse como un novio adolescente y dejar que ella marcase la pauta.

“You bring me with you?” preguntó Fon y Arturo tardo unos momentos en darse cuenta de que le estaba pidiendo que le dejase acompañarle a la habitación. “Yes”, dijo. Se levantó y sin soltarle nunca la mano la condujo fuera de la discoteca. Ahora el corazón le latía con fuerza y ya no era el novio adolescente, sino el hombre adulto que llevaba dos meses sin hacer el amor.

Cuando se cerró la puerta de la habitación, ella soltó su mano, bajó la cremallera de su mano y en un momento quedo desnuda. Arturo la abrazó y supo que esa noche le daría materia para muchas pajas en el futuro.

Amanecieron a media mañana, después de una noche en la que apenas habían dormido. Salieron del cuarto como zombies y se dejaron caer pesadamente en el comedor del hotel. Arturo pidió un café con leche y un croissant y Fon arroz con alitas de pollo.


Les trajeron el desayuno. Arturo se dijo que acaso fuese un espejismo, producto de una noche de sexo después de dos meses de sequía, pero sentía que había empezado a amarla de alguna manera que no alcanzaba a comprender. Le gustaba ver como comía con una especie de apetito infantil. Había algo en sus gestos que le recordaba a… a… El nombre de Mónica tardó unos segundos en venirle a la memoria.

miércoles, 9 de julio de 2014

Budismo y nacionalismo en Sri Lanka (y 7)


La Constitución de 1978, que es la actualmente vigente, no llegó a otorgar al budismo el estatus de religión oficial, pero poco le faltó. El art. 9 dice: “La República de Sri Lanka dará al budismo un lugar preeminente y en consecuencia será deber del Estado proteger y promover proteger la religión budista, al tiempo que garantiza a todas las religiones los derechos comprendidos en los arts. 10 y 14.” Hay que reconocer que los derechos religiosos de ambos artículos son muy amplios y puede decirse que en Sri Lanka hay efectivamente libertad religiosa. La Constitución precedente, la de 1972, no incluía ninguna cláusula de un tenor semejante. Aun así, hay fundamentalistas a los que les parece insuficiente y que han tratado de enmendar la Constitución para hacer del budismo la religión oficial del Estado y prohibir la apostasía de los budistas, mientras que las conversiones de miembros de otras religiones estarían permitidas.

Desde la segunda mitad de los 70, había aparecido una insurgencia tamil y en el norte del país existia un conflicto larvado. En 1983 los insurgentes tamiles emboscaron y mataron a 13 soldados cingaleses. El gobierno del Presidente Jayawardene manejó el incidente de tal manera que provocó un pogrom anti-tamil en Colombo en el que fueron asesinados varios miles de cingaleses. Entre los exaltados que apalearon, apuñalaron y quemaron vivos a los tamiles, no faltaron los monjes, a menudo incitando y a veces incluso participando activamente, aunque se trató de iniciativas individuales, no de una política deliberada de la sangha.

En todo caso, durante los ochenta la politización de los monjes se incrementó. Ya no era sólo que defendieran la supremacía del budismo en Sri Lanka. Era que querían meter la cuchara en casi todas las cuestiones candentes. Se opusieron al Libro Blanco sobre la Educación y al Acuerdo de Paz Indo-Srilankés. Criticaron el consumismo, la importación de hábitos occidentales, el turismo, las zonas de libre comercio… De una manera que recuerda a la de los fundamentalistas islámicos, querían retrasar el reloj de la Historia unos dos mil años.

Un problema para los políticos laicos es que el budismo está entretejido en el entramado social y no se puede hacer política en el país sin mirar de reojo a los monjes para ver si asienten con la cabeza. Eso ya sería complicado de por sí. Lo peor es que la sangha está dividida en tres sectas según divisiones de casta y los políticos no se tienen que ganar a un único Rouco Valera, sino a tres Roucos.

Y ya para rematar hubo monjes que se dieron cuenta de que había que aleccionar a las nuevas generaciones. Al igual que los jesuitas cuatrocientos años antes, habían comprendido que cuando mejor se adoctrina a las personas es en su juventud. El más representativo fue Gangodawila Soma Thera, que se fijó como objetivo en la vida formar a los jovenes en el Dharma. Creó una especie de boy scouts en budista, el Tharunu Saviya (“La fuerza de la juventud”). Gangodawila, que era muy telegénico y se explicaba muy bien, dejó tras de sí la idea de que los monjes todavía podían ir un poco más lejos en su implicación política. De hecho llegó a tener ambiciones presidenciales y cuanto más ambicioso se volvía más desbarraba. En sus ultimos tiempos, poco antes de su muerte, equiparaba a los insurgentes tamiles con los misioneros cristianos (que sí, que los misioneros cristianos pueden dar un poco la brasa, pero no acostumbran a ir poniendo bombas). Esta idea del monje-político fructificaría en el Jathika Hela Urumaya, del que hablaré luego.

Para comprender el estado de ánimo que todo esto tuvo sobre los budistas cingaleses y cómo respiran, creo que nada mejor que este texto de Daya Hewapathirane, Director y Presidente del Foro Canadiense para la Conservación de la Herencia Cultural Cingalesa:

Sri Lanka está asistiendo al inicio de un movimiento de restauración. Es un movimiento para revivir el nacionalismo cultural con un liderazgo firme proporcionado por un grupo de monjes budistas excepcionales, para salvar el país de la desintegración, para detener la rápida erosión de los valores sociales y  dirigir a la sociedad a su rejuvenecimiento cultural basado en los valores budistas tradicionales y para reconstruir una cultura política deseable que acomode a toda la gente de nuestro país.”

Hoy la religión puede ser protegida principalmente (aunque no exclusivamente) por bhikkus que han hecho voluntariamente la opción de adoptar una postura política pública en temas relativos al budismo y a la cultura budista. Por sí mismos, como protagonistas del “budismo politico”, son una espina clavada en la carne de los budistas cientíticos, los académicos budistas nativos, los facilitadores del diálogo interreligiosa, los especialistas en resolución de conflictos, los monitores de la paz y otros profesionales de la industria de los derechos humanos y étnicos.”

Hay suficientes cosas en este texto que me ponen los pelos como escarpias. La mezcla de religión y acción política. La promoción de que los monjes se entrometan en política. A mí con la experiencia del cardenal Rouco en España me basta. El deseo de construir una cultura de pensamiento único, porque la cultura cingalesa es mucho más que el budismo tneravada, aunque éste haya jugado un papel importantísimo en su Historia. Y ya puestos a ser excluyentes, cabe incluso denigrar un poquito a aquéllos que defienden modalidades distintas de budismo de la que le gusta a Hewapathirane.

Desde finales de los 90 la presencia del budismo en la vida social no ha hecho sino crecer. Todos los actos estatales deben rodearse ahora de ceremonias budistas y en 2007 se creó una cadena de televisión budista. Tener buenos contactos con monjes prominentes se ha convertido en un “must” para los políticos con ganas de hacer carrera.

El siguiente paso inevitable en esta carrera hacia el absurdo es que los monjes no sólo se dejasen querer por los políticos, sino que ellos mismos hiciesen política directamente, sin intermediarios. Un primer paso lo dio en diciembre de 2001 el monje Baddegama Samitha, quien fue elegido diputado por el Lanka Sama Samaja party. Ser diputado por un partido laico tiene su gracia, pero lo fetén es tener un partido monacal.

Ese paso lo dió la aparición en 2004 del Jathika Hela Urumaya (JHU), cuyos líderes son monjes budistas y que presentó en sus listas para las elecciones de ese año nada más que a monjes. Pensemos en un partido que en España presentase a un sacerdote ejerciente en sus listas y la que se armaría… El JHU conquistó 9 escaños y se dedicó a llevar a cabo una de esas políticas que hacen amigos: proyecto de ley que prohibe las conversiones no-éticas (es decir cuando alguien de mi religión se convierte a la de otro; cuando son los otros los que se convierten a la mía está más que bien); lanzar una campaña de firmas para pedir que el Secretario General de NNUU designe una comisión para que investigue las violaciones de los DDHH de EEUU (no digo que no las hayan cometido y que no esté bien que se investigue, pero ¿para qué irse tan lejos cuando tenían a dos pasos de casa las violaciones de DDHH que se estaban cometiendo contra los tamiles?); prohibición del tabaco y del alcohol; prohibición del sacrificio del ganado (mira por dónde va a estar más considerado que los tamiles).

¿Suena tremendo lo del JHU? Pues bien, en 2012 varios monjes formaron el Bodu Bala Sena (BBS), porque los del JHU les parecían unas nenazas. Los del BBS se han pasado tantos pueblos que incluso ha habido representantes del clero budista que han intervenido para explicar que los muchachos del BBS no representan el punto de vista de la mayoría de los budistas del país.

Y con el BBS termino esta entrada donde espero haber demostrado algunas cosas. La primera es que el nacionalismo es tan poderoso que no hay ninguna religión, ni tan siquiera una que parece tan irénica como el budismo, que le sea inmune. La segunda que en el nacionalismo siempre hay otro que te puede adelantar por la derecha. Si Anagarika Dharmapala era un pelín racista, vino Walpola Rahula que lo hizo bueno y aún fue un niño de teta comparado con Gangodawila Soma Thera, quien tal vez habría encontrado un poco excesivos a los muchachos del BBS.

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Hoy doy vacaciones al blog hasta el 23 de agosto.


Me esperan unos días curiosos. Tengo un amigo íntimo que está a punto de ingresar en la Comunidad del Anillo y otro que está a punto de dejarla. El primero se casa con una asiática y al país de ella iremos sus amigos a arroparle y a celebrarlo con una buena farra. Al segundo le prestaré mi hombro y mi ayuda y cuando necesite ánimos nos conrreremos una buena farra. Conclusión: no hay ninguna situación en la vida que no pueda arreglarse con una buena farra.

sábado, 5 de julio de 2014

Budismo y nacionalismo en Sri Lanka (6)

Vidyalankara Pirivena había sido creado en 1875 para producir monjes bien formados que pudieran contrarrestar a los misioneros protestantes y revivir el budismo srilankés. Con el paso del tiempo y bajo la influencia de las ideas de Dharmapala, fue ideologizándose y convirtiéndose en un centro de agitación anticolonial, donde se propagaban las ideas de la supremacía budista y de la revitalización de la cultura cingalesa.  Vidyalankara Pirivena jugó un papel clave en el desarrollo de la idea de que los bhikkus podían y debían intervenir en política.

El 13 de febrero de 1946 la facultad del monasterio aprobó unánimemente una resolución que declaraba que los monjes deberían ser políticamente activos. A quienes les criticaron, les respondieron que no habían entendido bien la doctrina del karma y del renacimiento. Allí donde Anagarika Dharmapala al menos unía activismo social con acción política, los monjes sólo se fijaban en lo segundo. Según ellos, esperaban que su campaña sirviera para “hacer de Sri Lanka un dharmadvipa (luz del Dharma), enriquecer el budismo y hacer al pueblo libre de sufrimiento y enfermedades y hacerles íntegros, y hacer de os monjes una categoría de personas que no se limitan a existir, sino que trabajan generosamente por el bien de la religión y sus creyentes.” Las declaraciones grandilocuentes y llenas de grandes intenciones como ésta siempre me dan grima y más, como suele ocurrir, cuando van seguidas de la fundación de algún movimiento político. En este caso la Organización Unida de los Bhikkus de Sri Lanka.

Quien más hizo para que triunfase la idea del bhikku activista político fue un profesor de Vidyalankara Pirivena, muy conocido en Occidente por su libro de divulgación “What the Buddha taught”: Walpola Rahula. Mucho menos conocida en Occidente es otra obra suya de 1946 que ejerció una influencia enorme en Sri Lanka: “Bhiksuvage Urumaya”, traducida al inglés como “La herencia del bhikku”.

En esta obra, Rahula define cuál debe ser el papel del monje en la vida social, cultural y política. Rahula defiende que los bhikkus tienen derecho a involucrarse en política y en actividades sociales y se apoya en lo que afirma que era su papel en el antiguo reino de Anuradhapura. Los bhikkus tienen la misión de evitar el declive del budismo en el país y según Rahula, en los tiempos antiguos: “Los bhikkus en aquel tiempo consideraban su deber sagrado involucrarse tanto en el servicio de su país como en el de la religión”. No estoy muy seguro de que Buda hubiera estado de acuerdo. Por cierto que ya puestos a ser racistas, Rahula afirmó que Sri Lanka es un país budista cingalés, dado que el 70% de su población la componen budistas cingaleses. ¿Y el restante 30%? Está claro: que se jodan.

Bueno, que se jodan o que les jodan. En una entrevista que Rahula concedió a The Sunday Times durante el conflicto con los tamiles, cuando le preguntaron si con el espíritu de “maithri” (el amor) y la paz no seria posible dialogar hasta con los insurgentes del LTTE, su respuesta más que la de un monje fue la que habría podido dar el Cheney de sus buenos tiempos cuando le preguntaban por Osama bin Laden. “¿Qué paz y que “maithri” hay cuando los terroristas en el norte y el este están intentando dividir nuestro país?

Las elecciones de 1956 supusieron la victoria del Mahajana Eksath Peramuna (Frente del Pueblo Unido) que agrupaba al Partido de la Libertad de Sri Lanka, al Lanka Sama Samaja Party y al Singala Bhasha Peramuna (Frente del Idioma Cingalés). El Frente hizo campaña en favor de la imposición del cingalés como único idioma oficial.

Fue en esa campaña cuando por primera vez se hizo sentir el peso político que podían tener los bhikkus. En 1952 el Congreso Budista Pan-Ceilanés había creado una Comisión Budista de Investigación que publicó un informe incendiario titulado “La traición del budismo” en el que acusaba al gobierno de haber descuidado los intereses del budismo en beneficio de los católicos. Así calentados, los bhikkus se implicaron en la campaña electoral del 56, que introdujeron el tema de la defensa del budismo y las tradiciones cingalesas en la campaña y se involucraron activamente en ella. Mejor todavía, se atrajeron a otros sectores sociales, como los maestros, los campesinos y los médicos ayurvédicos, a los que sumaron a su causa.
En algún momento en este proceso de politización, los bhikkus se olvidaron de las enseñanzas budistas sobre el respeto a la vida. En 1959 Mapitigama Buddharakkitha, el abad del principal templo budista, instigó el asesinato del Primer Ministro S.W.R.D. Bandaranaike, aduciendo que no había aplicado las políticas nacionalistas por las que le habían votado. Bueno, eso y que no le había concedido algunos negocietes que le había pedido. Durante la investigación del asesinato, se descubrió que Buddharakkitha además de bhikku era un pájaro de cuidado: estaba envuelto en diversos negocios y chanchullos, consumía güisqui con regularidad y se tiraba a la Ministra de Sanidad.


Una vez que el budismo se hubo convertido en un elemento político no hubo manera de devolver ese genio a la botella. Los ejemplos serían innumerables. En los sesenta, L.H. Mettananda creó el Bauddha Jatika Balavagaya (BJB) para exponer el papel de Acción Católica, cómo estaba controlando los medios de comunicación e incluso cómo habia estado detrás del fallido golpe de estado que varios altos oficiales cristianos intentaron en 1962. Lo bueno del nacionalismo es que ninguna denuncia es lo suficientemente absurda para él. Todo lo que contribuya a demonizar al adversario, cuela. 

martes, 1 de julio de 2014

Budismo y nacionalismo en Sri Lanka (5)


Anagarika Dharmapala había nacido en 1864 en una familia de la burguesía. Su nombre original era David Hewavitharane. Dharmapala estudió en las escuelas cristianas y salió de allí rebotado por la manera en que se denigraban el budismo y la cultura srilankesa. Dharmapala contactó con Madame Blavatsky y Henry Steel Olcott poco después de que hubieran llegado a la isla y ese contacto le impactó lo suficiente, como para abandonarlo todo y comprometerse sólidamente con el budismo.

En 1891 Dharmapala tuvo la suerte de encontrarse con un catalizador para sus ideales de restauración del budismo. Y es que la gente a menudo no reaccionará si le presentas un ideal amplio y abstracto, pero si se lo concretizas en algo que pueda comprender la cosa cambia. El catalizador fue descubrir que el sitio donde Buda alcanzó la iluminación Bodhgaya, en la India, estaba administrado por un sacerdote shivaíta, que pensaba que Buda era un dios más de su panteón.

Poco después de su visita a Bodhgaya, creó la Sociedad Mahabodhi, cuyos objetivos eran: llamar la atención de los budistas de todo el mundo sobre el estado en que se encontraba Bodhgaya, difundir el budismo en su tierra de nacimiento, donde se había extinguido hacía unos 600 años y servir de vínculo entre los budistas de distintos países. A estos nobles objetivos se unía posiblemente otro un poco menos confesable: que Sri Lanka recuperase su primacía en el budismo mundial. En 1922 en un panfleto titulado “Un mensaje a los jóvenes de Ceilán”, Dharmapala afirmó que “con el budismo Ceilán se convertirá en un faro de religión para el mundo.” Mi sospecha es que esta idea ya la tenía en 1891 cuando creó la Sociedad Mahabodhi.

A la postre Dharmapala acabaría rompiendo con Olcott y los teosofistas. Aunque asimiló sus ideas sobre el budismo como una filosofía científica y racional y su rechazo de las supersticiones, nunca acabó de asimilar algunas de las pajas mentales ecuménicas que se hacían los teosofistas. Sí, eso de los arios y de que Jesucristo era el hermano pequeño de Buda y que ambos venían a enseñar lo mismo, junto con Zoroastro y unos cuantos profetas más. Entiendo y comparto ese rechazo, pero me parece que en la ruptura jugó otro factor adicional. Olcott y los teosofistas eran universalistas, mientras que Dharmapala era rabiosamente srilankés y nacionalista.

Tal vez su principal contribución fuera la de aunar el renacimiento budista con el resurgir del nacionalismo srilankés. Muchos de los postulados del nacionalismo budista srilankés actual se encuentran ya en Dharmapala. Ya mencioné el primero: Sri Lanka como faro de religión para el mundo. Como que me recuerda a aquello que decía Marcelino Menéndez-Pelayo de España, luz de Trento y martillo de herejes.

Otro postulado es la superioridad del budismo, que es muy anterior a Cristo y ayudó a hacer de Sri Lanka una tierra de justicia. Esa Sri Lanka budista y paradisiaca fue destruida por los malos tamiles y los cristianos que trajeron “el asesinato de animales, el robo, la prostitución, el libertinaje, la mentira y el alcoholismo”. Dios mío, yo ya sabía que los cristianos eran unos incordios que te dicen que vayas a misa los domingos y no te hagas pajillas, pero no me imaginaba que fueran tan abyectos. Dharmapala había descubierto el valor del victimismo: la de cosas malas que me habéis hecho; nada que yo haga para resarcirme podrá compararse con las maldades que hicisteis conmigo.

Por cierto que en sus odios Dharmapala era realmente ecuménico. Los cristianos eran muy malos, pero de los musulmanes también se pueden decir lindezas como que son “un pueblo extraño, que mediante métodos propios de Shylock se han hecho prósperos como los judíos”. Los arteros musulmanes, dándose cuenta de la inocencia e ignorancia de los cingaleses “florecen  y los hijos de la tierra se ven puestos contra un muro.” Menos mal que los musulmanes sólo representan el 9% de la población, que si llegan a ser más se comen a los cingaleses.

Dharmapala insistió en la identidad entre los cingaleses y el budismo: “El budismo estaba completamente identificado con la identidad racial del pueblo. Sri Lanka, la isla budista, pertenece por tanto a los cingaleses. Los tamiles que se queden en el sur de la India, de donde vinieron.” Esta idea, aparte de injusta y ahistórica, ayudó a darles a los cingaleses eso que necesitan los nacionalistas que se precien: un enemigo exterior que les ayude a cohesionarse.

El tipo de budismo que Olcott y Dharmapala crearon ha sido denominado “budismo protestante” por cuanto refleja algunos rasgos del protestantismo al que se oponían. Es un budismo que se quiere austero y purificado de supersticiones y leyendas; aquí recuerda a los reformistas oponiéndose al culto a los santos y dirigiéndose únicamente a Dios. Estado y religión están separados, mientras que en el budismo theravada tradicional siempre ha habido una unión muy estrecha entre poder político y religión. El papel de los laicos se ve realzado. Ya no precisa de la sangha para acceder a los textos o para iniciarse a la meditación.

Dharmapala introdujo dos novedades importantes acerca del papel de los bhikkus. La primera es que le imbuyó de un espíritu misionero, que uno diría que es el mismo que él habia absorbido de niño de los misioneros protestantes que le educaron. Desde finales del siglo XIX procuró enviar a monjes srilankeses a la India y a Inglaterra para que difundieran el mensaje de Buda. La otra novedad fue enfatizar la función social de los monjes. Quería que los monjes se integraran en la sociedad y actuaran en ella. En ausencia de una realeza autóctona, eran los monjes los que tenían que asumir ese papel. Adiós a la imagen del monje que se retira a meditar a un monasterio en el bosque. Además, copiando a los misioneros protestantes, reemplazó los rituales largos y complejos por sermones breves centrados en temas sociales.
 
Dharmapala no sólo fue un pensador y organizador. También fue un hábil propagandista. Sus conferencias despertaban gran expectación y atraían mucho público. A ellas venían a sumarse los numerosísimos artículos y panfletos que escribió durante toda su vida y el establecimiento del semanario “Sinhala Bauddhaya” de gran difusión. Un seguimiento de sus escritos revela cómo su tono se fue haciendo crecientemente antioccidental y nacionalista.

La influencia de Dharmapala sobre el budismo srilankés fue decisiva. Fue por sus esfuerzos que apareció en la isla la mezcla explosiva de nacionalismo, racismo y budismo que hoy se ha convertido en un problema. Dharmapala también trajo consigo el nativismo: el rechazo de los nombres, maneras de vestir y costumbres inglesas. Esto en sí no es malo. Lo malo es cuando el nativismo da paso al ombliguismo: somos los mejores y todo lo de fuera es malo. Es cierto que las ideas de Dharmapala eran muy variadas y que también habló de un budismo social, pero esa línea de su pensamiento quedaría un tanto oscurecida en sus sucesores.

En el camino que va de Dharmapala al budismo politizado y nacionalista de hoy, existen dos eslabones que no pueden dejar de mencionarse: el centro de estudios Vidyalankara Pirivena y Walpola Rahula.